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Mtro. Alejandro Silva Antúnez

Psicólogo y Psicoanalista

(Cédula 08720770)

Atención psicológica para adultos, adolescentes y niños.

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lunes, 5 de enero de 2015

Selfies y Narcisismo: La identidad a través de otros

A continuación comparto con ustedes el trabajo que tuve oportunidad de presentar en el VII Congreso de Psicoanálisis de la Sociedad de Psicoanálisis y Psicoterapia de la SPM que se llevó a cabo en la Ciudad de México el día 25 de octubre de 2014. El enlace original del artículo es: http://alejandrosilva.mx/narcisismo-y-las-selfies-la-identidad-traves-de-otros/

En 2013 el término “selfie” fue nombrado como la palabra del año por el Diccionario Oxford que la define como “Una fotografía que uno se toma a sí mismo, típicamente con un teléfono inteligente o una cámara web y se comparte a través de redes sociales”. El uso del término selfie se incrementó en un 17,000% del 2012 al 2013 y actualmente hay más de 183 millones de fotografías etiquetadas como selfie en Instagram. (Oxford Dictionaries Blog)

Es evidente el aumento exponencial en el uso y difusión de las selfies, sin duda la plataforma tecnológica que permite que estasfotografías sean tan sencillas de producir y difundir ha favorecido este fenómeno, sin embargo también es claro que si esta plataforma se ha creado y robustecido, ha sido para responder a un deseo por tomar ycompartir imágenes de uno mismo en la red. ¿Qué motivación tenemos para ello?

Algo característico de las selfies es que el protagonista de la toma somos nosotros mismos, el entorno que nos rodea sirve de contexto.Somos nosotros mismos en una playa, presentando en un congreso, en el gimnasio, con alguna celebridad, cocinando, etc. Que las selfies se traten de nosotros mismos dice mucho sobre la motivación que subyace a este fenómeno, se le conoce como narcisismo a la investidura libidinal del yo.

Tomar y compartir una selfie es una manera de decir “este soy yo”, la imagen reflejada en la pantalla del celular sintetiza en una toma algo de nuestra identidad, a partir de dicha fotografía se puede decir algo acerca de nosotros. El reconocernos a nosotros mismos a través de una imagen unificadora es un logro fundamental del estadio del espejopuesto que abre la posibilidad al sujeto de tomar a su propio yo como objeto de amor.

Este proceso puede observarse entre los 6 y 18 meses de edad cuando el pequeño aún sumido en la impotencia propia de la inmadurez biológica con la que nace el humano asume con júbilo su imagen en el espejo que le refleja la forma total de su cuerpo, su yo. El júbilo con que se asume dicha imagen se debe al contraste de la experiencia fragmentada que el bebé vive de sí mismo antes de identificarse con la imagen armónica e integrada con que la es devuelto su reflejo.

En este orden de ideas, la consolidación del narcisismo es un logro fundamental para el equilibrio psíquico y marca un punto de inflexión respecto al caos y la fragmentación previos. Esta imagen del espejo se origina gracias a la mirada y al deseo del Otro, en este caso la madre. Nos identificamos a partir de lo que ella o quien ejerza su función refleja y reconoce de nosotros, con base en dicho reflejo comenzamos a definir lo que somos, generándose la matriz para futuras identificaciones. Nos conocemos a nosotros mismos a partir de otro.

Una carencia importante en el espejeo puede provocar una pobre integración de la identidad en un sujetodebido a la falta de investidura libidinal quefacilite la integracióndel yo. La difusión compulsiva y masiva de selfies puede deberse a una falla en este proceso. En estos casos las selfies podrían tener la función de “adhesivo”libidinal y ser un intentoparacontrarrestar la angustiante sensación de fragmentación como la que acompaña al bebé cuando se vive presa indefensa frente a la pulsión de muerte, el caos antes del yo.

Si para ser y existir necesito la mirada de otros que libidinicen mi yo, quizá pueda conseguir la sensación de existencia y de ser visto invadiendo el espacio virtual con imágenes mías. De manera paradójica quizá lo que muestren sea justamente la fragmentación de su identidad a través de la multiplicidad de imágenes suyas en la red. La imposibilidad de organizar la propia experiencia de manera coherente y cohesiva puede señalar una falla básica la integración del sí mismo.

Quizá el aumento en el uso de las selfies también pueda deberse a la dificultad que actualmente experimentamos en nuestra sociedad para procesar e integrar tantos estímulos que recibimos del mundo externo. La imagen, y no la palabra,sería el nuevo organizador de la experiencia, en este sentido la selfieviene a sustituir a la conversación para expresar cómo la pasé en equis lado, perdiéndose mucho de la expresión e intercambio de los significados de la experiencia.

Por supuesto que no todo aquel que se toma y publica selfies sufre de una angustia de fragmentación y necesita encontrar miradas que le ayuden a integrar su yo. El hecho de compartir una selfie no dice mucho por sí mismo y sólo adquiere sentido en función de lo que signifique para la persona en el momento en que la comparte.

Partiendo de la premisa de que una selfie es una representación de nosotros mismos que se comparte con otros, pienso que debemos buscar su significación en el campo intersubjetivo.Por ejemplo, lo que una persona considera como un atributo de valor del sí mismo, dice mucho sobre cómo ha sido mirada esa persona por sus otros significativos y lo que en su reflejo ha reconocido como valioso de sí mismo, es decir que podemos observar cómo ha introyectado la relación con sus objetos idealizados en la manera en que se relaciona consigo mismo y con los otros que afirman o niegan su valoración narcisístico.

Una de las motivaciones del sujeto puede ser la de encontrar su yo-ideal en la mirada de los demás, este es el deseo narcisista, que en esencia consiste en sentirse único, diferente y superior a todos los demás. Recordemos que la imagen unificada con la que nos identificamos en el estadio del espejo es eso, un espejismo de lo que quisiéramos ser, este Yo-Ideal siempre tendrá esa característica de ficción e ilusión pues es fundado en la relación entre la madre idealizada que a su vez idealiza a su bebé.

Una selfie en un restaurante nuevo y muy elegante puede adquirir significados distintos dependiendo de cada sujeto. Para unos el valor narcisista depende de que se les reconozca su capacidad económica para asistir a dicho lugar, habrá otros que se acerquen a su yo ideal sólo bajo la condición de que se les reconozca como gourmets por su buen gusto por la comida, o por conocer los lugares de vanguardia. Incluso habrá aquellos que se reconozcan valiosos si son representados como sociables al compartir el momento entre amigos.

En términos del deseo narcisista, el sujeto va a buscar recibir a través de la mirada de los otros el reflejo de la imagen que representa a su yo ideal.La herida narcisista es intolerable pues excluye al sujeto del deseo del otro. La lógica del Edipo responde al deseo de ocupar un lugar de privilegio para el otro, hay uno que elige y dos que pueden compararse. 

Mientras el sujeto se encuentre en una lógica de exclusión, la rivalidad con el tercero por la preferencia del otro, da lugar al triunfo o a la derrota narcisista. O yo o el otro. Los atributos que posea determinado sujeto se representan como medios para alcanzar dicho deseo.

Quizá esto sirva para explicar por qué a pesar de que el ángulo en que se toman la selfies es tan desfavorable para la estética de la persona, hay quienes se empeñan tanto en salir perfectos en ellas, quitando la espontaneidad del momento que capta la esencia del instante fotografiado.Exijen para sí mismos un nivel de perfección que los coloque por encima de los demás, única garantía de ocupar un lugar para el otro. Exigencia que probablemente vivenciaron en la relación intersubjetiva con sus objetos, la demanda de perfección como condición para ser mirado y considerado por el otro.

Sólo más adelante en el desarrollo se incorpora a un tercero que también es deseado por el otro, el sujeto y los otros tienen funciones y ocupan posiciones frente a los demás: que la madre sea pareja sexual del padre, ya no excluye que el hijo varón pueda tener la suya. Los atributos propios son vividos como aspectos que enriquecen nuestra identidad, no como unidades a partir de las cuales se puede hacer un juicio totalizante acerca del sujeto.

El desarrollo de la identidad prosigue su camino a través de futuras identificaciones, la imagen con la cual buscamos identificarnos es aquella hacia la que se dirige el deseo del otro. Primero el yo-ideal del espejo, luego es el rival Edípico quien concentra el deseo del otro y con el que deseamos identificarnos, y así sucesivamente.

Finalmente somos lo que somos, seguimos anhelando fusionarnos con aquella imagen idealizada que creímos ser, sólo que ahora tenemos formas más complejas  y maduras pues nos hemos inventado miles de actividades, de proyectos y de objetos a través de los cuales esperamos y a veces conseguimos recortar esa distancia, a nuestro favor digamos que somos el ideal que hace varios años anhelábamos ser y que ahora disfrutamos de muchas más cosas de las que antes podíamos disfrutar.

De vez en cuando surgen nuevos de atajos que creemos podemos tomar, las selfies pueden ser eso, pero también mucho más. Por lo pronto permítanme tomar una selfie.

sábado, 1 de marzo de 2014

¿Qué expresa el concepto de sexualidad para Freud?

Por supuesto que el concepto de sexualidad abarca un sinfín de acepciones y puede abordarse desde muy diversos puntos de vista, sea desde la  biología, la sociología, antropología, etc.  Inclusive dentro del campo de conocimiento del psicoanálisis, acerca de la sexualidad tendrá cada corriente psicoanalítica tiene mucho que decir y aportar, pero a continuación busco 1) especificar qué es la sexualidad en psicoanálisis siguiendo a Freud, 2) presentar algunas de las evoluciones del término en la obra de Freud.

Hay que entender que el psicoanálisis desarrollado originalmente por Freud ha sido desde entonces complementado, corregido y aumentado, iniciando por las revisiones que Freud mismo hizo a su obra a lo largo de su vida. El pansexualismo atribuido al psicoanálisis existe, pero entendiendo la sutileza, complejidad y desarrollo del concepto bajo la perspectiva psicoanalítica, no bajo la perspectiva biológica o social, ni ninguna otra.



La sexualidad inició su camino psicoanalítico muy al inicio de las tesis de Freud sobre la histeria, incluso previo a 1900 y "La Interpretación de los Sueños", descubrió un vínculo entre sexualidad y la formación de síntomas conversivos de dichas pacientes histéricas (en su mayoría eran mujeres). 

Inicialmente Freud sostenía que a partir de experiencias sexuales reales de las pacientes, se reprimía el recuerdo (pensamiento) del evento, pero el afecto ligado a dichas experiencias se mantenía. 

Como dicho afecto ya no estaba ligado a la idea de la experiencia sexual reprimida, quedaba "libremente flotante" y era transformado en angustia. Este afecto sin ligadura originaba los síntomas  histéricos, ya fuese en forma de fobia, conversión o angustia simple.

Para Freud los síntomas de la histérica representaban, poniendo en acción (conversión), o desplazando en otras cosas (fobia), la experiencia sexual reprimida, por ejemplo  véase el Caso Dora.

Más adelante Freud descubrió que no sólo los síntomas de las histerias  seguían este camino, también las obsesiones y algunos otros síntomas (neurosis) tenían un origen en experiencias sexuales reprimidas. Inclusive llegó a pensar que el abuso sexual a menores era mucho más extendido en la sociedad de lo que se reconocía públicamente. 

Luego entendió que no era necesaria una experiencia sexual real para generar la histeria en cualquiera de sus formas, o para provocar los más extremos síntomas obsesivos, sino que la fantasía tenía el mismo efecto emocional y psíquico para lo inconsciente que una experiencia real,  es decir que bastaba el deseo y fantasía sexual Edípica para formar los síntomas neuróticos, y que de hecho las neurosis, con todos sus síntomas y el sufrimiento que conlleven, defendían al paciente de hacer conscientes dichos deseos, por ejemplo véase el Caso Juanito.

Es hacia este momento que la sexualidad cobra la importancia y universalidad que tiene en el psicoanálisis. Adquiere el estatuto de un impulso original básico cuya meta es la búsqueda de placer, la descarga de energía psíquica sobre un objeto (Otro) con el cual se establece un vínculo. Se describe el Complejo de Edipo, basándose en esta nueva conceptualización de sexualidad, por ejemplo véase el Complejo de Edipo.

Ya no se trata mas de la sexualidad como comúnmente se le entendía, asociada a los genitales o al coito, tampoco se limita a una realidad concreta, se conceptualiza como un deseo de unión, de vínculo; una energía.  Así la sexualidad se transforma en la piedra angular del psicoanálisis, fuente y sinónimo de la pulsión de vida, motor del psiquismo de los sujetos. 

Más adelante en la obra de Freud este describe cómo la sexualidad, ahora entendida como una fuerza en búsqueda de vínculos, también determina distintos modos de relación del sujeto con su medio y sus objetos a lo largo del desarrollo psíquico y sexual. La forma de vinculación dominante en determinado punto del desarrollo depende de la etapa psicosexual correspondiente. Freud describe las etapas psicosexuales Oral, Anal, Fálica, Latencia y Genitalidad.

















En cada etapa la sexualidad se refiere al tipo de relación que el sujeto establece con sus objetos. La etapa es una metàfora de la dinàmica que existe en la relación, la función que cumple el objeto, y el uso que el sujeto le da. Por ejemplo, una sexualidad Oral no se refiere específicamente al predominio del sexo oral (felatio), sino a un tipo de relación que busca llenar vorazmente un vacío propio a través de "devorar" al otro, no se toma en consideración a los demás en la experiencia de satisfacción. 


Dentro del marco del desarrollo, observamos este tipo de sexualidad y vínculo en bebés e infantes pequeños, siendo la relación con la madre, su pecho y la leche, el modelo de relación oral. Sin embargo, debido a deficiencias por frustración excesiva, gratificación excesiva o trauma, este tipo de vínculo y sexualidad puede quedarse "fijada" en personas adultas, quienes seguirán patrones de relación e interacción de este tipo. Por ejemplo véase el Caso del Hombre de las Ratas.

Si bien en cada uno de nosotros dominan ciertos rasgos y características de estas formas de sexualidad y vínculo, en general podemos ser flexibles y utilizar distintas formas de relacionarnos y funcionar a nivel psíquico. Cuando esta flexibilidad se ve limitado o impedida, se hacen evidentes los signos de fijaciones, es decir de conflictos en la sexualidad a nivel psíquico.

Son esta serie de conflictos en la sexualidad a nivel psíquico de las que el psicoanálisis da cuenta y ofrece tratar. Es en estos conflictos con la sexualidad infantil (en el sentido de lo expuesto anteriormente) dónde Freud y sus seguidores descubrieron el funcionamiento de lo inconsciente, y es en dicho nivel dónde el psicoanálisis tiene sus efectos como forma de tratamiento, ayudando a desanudar los conflictos sexuales inconscientes. Véase ¿Qué es el psicoanálisis?

miércoles, 5 de junio de 2013

El Hombre de las Ratas. Segunda Parte

El psicoanálisis es un método de investigación de los procesos inconscientes de la mente, se utiliza como técnica terapéutica y se sostiene en una serie de teorías de las que se sirve para explicar el funcionamiento psíquico de los sujetos. 

Con base en la historia clínica (resultante de las sesiones durante el tratamiento, y demás información que se obtiene de los pacientes), y la teoría psicoanalítica, se puede hacer lo que en psicoanálisis conocemos como psicodinamia. 


La psicodinamia es una explicación hipotética del funcionamiento mental y emocional (psíquico) del paciente con la cual buscamos entender las motivaciones y condicionantes inconscientes de los síntomas. 


En psicoanálisis, la psicodinamia es el diagnóstico que damos a nuestros pacientes, la forma en que desde nuestra teoría entendemos y explicamos el funcionamiento particular del sujeto en análisis.


A continuación presento una clave psicodinámica acerca del caso del Hombre de las Ratas, tomando como base la historia clínica (El Hombre de las Ratas. Primera Parte) que Freud nos legó respecto de él.  En esta clave se estudian algunos de los síntomas de Ernest y se ofrece una explicación hipotética sobre sus causas. No es na revisión exhaustiva del caso. 


Pretende ser una contribución original en la medida que esto es posible, pues mucho de lo expuesto ya ha sido mencionado por otros autores incluyendo al mismo Freud; también pretende ser un homenaje a aquellos que han inspirado estas ideas y un ejemplo de qué es y en qué consiste una clave psicodinámica:


Clave Psicoadinámica del Hombre de las Ratas


Ernest llega al tratamiento aquejado por una serie de ideas obsesivas que tienen que ver con el posible daño que su padre (ya fallecido) o su amada podrían sufrir. Por el contenido de sus representaciones obsesivas resulta evidente el importante monto de agresión dirigido hacia estas figuras, por quienes el paciente siente una gran ambivalencia.

Las imagos paternas son, por un lado temibles, crueles y omnipotentes, por el otro tiernas y comprensivas. La introyección ambivalente de la figura paterna responde a la fijación libidinal característica de Ernest, pues parece dominada por impulsos sádico anales como puede ejemplificarse con el terror despertado por el castigo de las ratas penetrando el ano del condenado. Pareciera que ante la angustia de castración fue vivida muy intensamente al sobrevenir el complejo Edípico en el paciente, favoreciendo una regresión al estadio anal del desarrollo.

Ernest por un lado se hallaba sobreestimulado por sus experiencias con las gobernantas, sustitutas de la madre; la excitación vivida debe haberle provocado una terrible angustia y temor a sus propios impulsos que sentía desbordarse. También el manejo de la agresión le resultó muy angustiante, por ejemplo los sentimientos de competencia contra el hermano lo llevaron a disparar en su contra una escopeta de juguete, asustando mucho al paciente de sus propios deseos, más que al resultado de la agresión.

Pienso que al momento de lidiar con el conflicto Edípico, Ernest se hallaba ante la amenaza de sentir que sus deseos sexuales y agresivos tenían el potencial de hacerse reales, hay que considerar que una de sus hermanas sí había fallecido, y que el contacto sexual con las gobernantas también había sido posible. Por temor a la omnipotencia de sus impulsos (pensamiento mágico), el paciente se defendió de los mismos a través de las obsesiones.

El uso de mecanismos proyectivos también le ha servido desde entonces a Ernest tanto para deshacerse de los peligros que implica reconocer como propios sus impulsos sexuales y agresivos, como para controlarlos a través de mandatos superyóicos. Esto obedece a que su superyó es muy punitivo (en consecuencia de su propia agresión) e impone reglas, prohibiciones y tareas por realizar que, como viniendo desde afuera, controlan o castigan los impulsos inconscientes de Ernest.

Por otra parte, el conflicto en la vida adulta de Ernest se agudizó a raíz de la muerte del padre. Su ausencia durante la agonía del padre quizá represente el intento de negación que el paciente procuró sobre dicha pérdida. Luego un evento, aparentemente intrascendente, revive el dolor, angustia y reproche por la pérdida. Al comentario inocente de un tío, el paciente le da el sentido de un cuestionamiento a la virtud y fidelidad del padre muerto, dicho comentario se conecta con el desafío y hostilidad de Ernest dirigidas al padre durante toda su vida, por ejemplo durante la rabieta a sus 4 años.

La posibilidad de que el padre amara a otras mujeres además de la madre, abría la posibilidad de que él tuviera acceso a esta (al ya no ser codiciada por el padre). Por otro lado la ausencia del padre censor (en quien se había proyectado el superyó) dejaba vía libre a los deseos del paciente, la operación mental necesaria fue el fortalecimiento sus inhibiciones, temores e ideas obsesivas.

Nuevamente el pensamiento mágico y omnipotente domina el escenario, si la muerte del padre trajera algún beneficio al paciente, este podría percatarse de su deseo de que aquel muriera, equiparando el deseo con la realidad, así es posible entender el reproche de criminal que Ernest se hacía a sí mismo en distintas ocasiones. El paciente también necesita mantener viva la imagen del padre para tener un objeto externo contra el cual rebelarse, pero también por el cual ser contenido.


Diagnóstico. Neurosis obsesivo compulsiva con rasgos paranoides.
Pronóstico. Favorable
Tratamiento. Psicoanálisis 4 veces por semana.

viernes, 3 de mayo de 2013

El Hombre de las Ratas. Primera Parte.

Uno de los casos clínicos más famosos de Freud es el del Hombre de las Ratas. Acerca de él se han publicado numerosos artículos, libros, ensayos, etc. El caso trata sobre un caso "de moderada gravedad", según Freud, de una neurosis obsesiva.

Mucho se ha especulado acerca de si el Hombre de las Ratas no sufría en realidad de una paranoia, ya fuese  francamente psicótica, o cuando menos un trastorno paranoide de la personalidad. Sin duda los síntomas e historia de este caso resultan "floridos", y se ha convertido en una piedra angular en el estudio psicoanalítico de los síntomas obsesivos.

A continuación un resumen de la historia clínica del Hombre de las Ratas tomando como base el ensayo de Freud:

(Para consultar la explicación psicoanalítica del caso de Ernst Lanzer, el famosos "Hombre de las Ratas" se puede consultar el artículo publicado también en este blog en el siguiente link: http://psicalejandrosilva.blogspot.mx/2013/06/el-hombre-de-las-ratas-segunda-parte.html )


FICHA DE IDENTIFICACIÓN

Nombre: Ernest Lanzer
Edad: 29 años
Lugar de nacimiento y residencia: Viena

Religión: Practicante.
Escolaridad: Licenciado en Derecho
Nivel Socioeconómico: Alto
Fuente de Referencia: Llega a tratamiento tras haber hojeado el libro de “Psicopatología de la vida cotidiana” y hallar en él el esclare cimiento de unos raros enlaces de palabras que le hicieron acordarse de sus propios trabajos de pensamiento, esto lo resolvió a confiarse de Freud.
Inicio de tratamiento: Inicia tratamiento el 1° de octubre de 1907, concluyendo 9 meses después en julio de 1908.
Tratamientos anteriores: El único provechoso fue un tratamiento de aguas en un instituto, pero dice que sirvió por haber establecido un vínculo con una mujer con quien tenía relaciones sexuales.

Motivo de Consulta.

Padece de representaciones obsesivas desde la infancia, pero con particular intensidad desde hace 4 años. El contenido de sus representaciones obsesivas incluyen temores de que les suceda algo a  su padre y/o a una dama a quien admira, dice amar mucho a ambos. Además dice sentir impulsos obsesivos como a cortarse el cuello con una navaja de afeitar, y a producir prohibiciones referidas aún a cosas indiferentes. La lucha contra estas ideas le ha hecho perder años de su vida. La enfermedad se ha acrecentado desde la muerte de su padre.

Padecimiento actual.

En agosto del año en que comenzó el tratamiento, Ernest realizaba maniobras militares, durante algún periodo sus ideas obsesivas que lo habían martirizado y dejado en un estado miserable, según sus propias palabras, habían cedido. Un día tras una marcha desde X, el paciente perdió sus quevedos, para no detenerse a buscarlos decidió renunciar a ellos y en cambio telegrafiar a su óptico en Viena para que a vuelta de correo le enviara unos nuevos.

Durante una pausa en la marcha desde X donde había perdido los anteojos se vio involucrado en una charla con dos oficiales, uno de los cuales que era de origen checo, le parecía particularmente afecto a la crueldad, causando mucha angustia en Ernest. En esa plática el capitán antes referido contó haber leído sobre un modo de tortura, especialmente terrorífico a juicio del paciente, que consistía en atar al condenado, luego sobre su trasero es puesto un tarro dado vuelta, en este luego se hacen entrar ratas que penetraban en el ano.

En el momento de escuchar el relato del capitán, Ernest fue sacudido por la representación de que eso sucedería a una persona que le fuera querida, en particular son su dama y el padre quienes sufrirían la tortura (a pesar de que el padre ya había fallecido). El paciente se revuelve contra esa idea y declara lo ajena que le resulta, la tortura sería sufrida de forma indirecta, es decir no era él quien se veía haciéndolo.

A la tarde siguiente, el mismo capitán le dio un paquete que había llegado con el correo que contenía sus quevedos y le dijo que el teniente primero A. había pagado el reembolso por él, así que era a quien debía devolver el importe. Al momento se le presentó la siguiente sanción: no devolver el dinero, de lo contrario sucedería la tortura a la dama y al padre. Enseguida dicha sanción se transformó en un juramento que decía “Tú debes devolver al teniente primero A. las 3.8 coronas”.

Surgieron las mayores dificultades, aparentemente objetivas, para devolver la suma de dinero. Primero intentó devolverlo a través de otro oficial que iba a la oficina de correos, pero este no encontró en su visita al teniente primero A. lo cual alegró al paciente, pues el juramento decía que él tenía que devolverlo. Por fin se topó con el teniente buscado, pero este rechazó el dinero diciendo que no era él, sino el teniente primero B. quien tenía a su cargo el correo.

Ernest quedó muy afectado pues no podría mantener su juramento. Se inventó entonces una extraña solución, iría con ambos tenientes a la estafeta postal, allí A. daría a la encargada de la oficina las 3.8 coronas, la señorita daría a B. el dinero, y este, de acuerdo con su juramento, devolvería a A. las 3.8 coronas.

El paciente estaba agobiado por no poder cumplir su juramento tras terminar las maniobras militares. Todavía en el ferrocarril de vuelta a Viena pensó y dudó en varias estaciones si debía cambiar de rumbo e ir a donde el teniente primero A. se encontraba para devolverle el importe, hacía cuentas mentales sobre las rutas, horarios y direcciones del ferrocarril, y buscaba señales divinas que le indicaran qué debía hacer.

Finalmente buscó a un amigo que siempre lo tranquilizaba para exponerle su situación y buscar consejo, este hizo lo esperado, pasaron la noche en casa del amigo con la promesa que al día siguiente irían ambos al correo para devolver las 3.8 coronas a la chica de la oficina. Que el paciente accediera a ello dejaba claro que sabía desde un inicio que no eran ni el teniente primero A., ni B. los acreedores del dinero, sino la empleada del correo.

En tratamiento el paciente recordó que antes de la charla con el capitán cruel había conocido a otro capitán, quien al escuchar el apellido del paciente, se presentó y le comentó que estando en la estafeta postal, la señorita encargada de la oficina le había preguntado si conocía al teniente L. (el paciente), el capitán contestó que no, pero la señorita dijo que confiaría en el teniente y ella misma pagaría por lo mientras el importe.

A pesar de que él mismo había sabido quién debía recibir las 3.8 coronas, había armado un juramento  en el que debía pagar al teniente primero A. Las dudas lo volvieron a asaltar tras dejar a su amigo y haber devuelto el importe a la señorita del correo y tomó entonces la decisión de consultar un médico, con la intención de que este le podría extender un certificado según el cual, para reestablecerse, el teniente primero A. debería aceptarle las 3.8 coronas.

Historia Familiar.

Madre. Fue criada como parienta lejana dentro de una familia adinerada que tenía una gran empresa industrial. Ernest refiere que la relación entre sus padres era bastante buena; sabe por haber escuchado bromas entre sus padres, que su papá, antes de conocer a su mamá había cortejado a una muchacha linda y pobre, de familia modesta. Luego, tras la muerte del padre, la madre de Ernest le comunicó un día que había hablado con su familia respecto al futuro de este, uno de sus primos ricos había expresado su disposición a entregarla una de sus hijas como esposa cuando él terminara sus estudios, así tal vinculación con los negocios familiares le abrirían un brillante futuro profesional.

Padre. Al casarse con su esposa entró a trabajar a la empresa familiar de ella, accediendo a una posición socioeconómica bastante buena. Fue un hombre de excelentes dotes, antes de casarse con la madre del paciente fe suboficial en el ejército, esto dejó en él francas maneras de soldado y una predilección por las expresiones rudas. A pesar de ello lo singularizaba un cordial sentido del humor y una bondadosa indulgencia hacia sus prójimos, estas características complementaban su carácter. Pretendió, de acuerdo con el paciente, usar una benévola franqueza para señalar los yerros y faltas de sus hijos, más que ser una figura de autoridad inatacable; describe su relación como los mejores amigos.

Hermana 1. Es la mayor, actualmente está casada.

Hermana 2. Era 4 o 5 años mayor que el paciente. Murió de una enfermedad cuando Ernest tenía aproximadamente 4 años de edad.

Hermana 3 y 4. No se dispone de información sobre ellas.

Hermano 1. Es un año y medio menor que el paciente. En cuanto a su relación con él, refiere estar en excelentes términos actualmente salvo por la intención de este último en casarse, cosa que a Ernest le parece un disparate. Reconoce haber tenido la idea de viajar hasta donde el hermano vive y matar a la mujer en cuestión para que no pueda haber matrimonio. Dice que salvo por celos y peleas infantiles, a causa de que el hermano era más fuerte, bello, y por lo tanto el preferido, su relación ha sido muy buena, siendo inseparables.

Hermana 5. Es 3 años menor que el paciente, actualmente está casada.

Historia Personal.

Cuando el paciente era pequeño, más o menos cuando su hermana enfermó (3 o 4 años), ubica un suceso que la  madre le había relatado en ocasiones. Debía haber hecho algo enojoso, por lo cual el padre le pegó; el paciente fue presa de una terrible ira e insultaba todavía bajo los golpes del padre, pero como en aquel entonces no conocía palabras insultantes, recurrió a todos los nombres de objetos que se le iban ocurriendo y decía “¡Eh tú lámpara, pañuelo, plato!”. El padre sorprendido, cesó los golpes y expresó “¡este chico será un gran hombre o un gran criminal!”. Al parecer, la impresión de tal escena tuvo un efecto duradero, pues el padre no volvió a pegarle jamás, también en el paciente dejó su huella, pues durante toda su vida tuvo una angustia terrible a los golpes.

A los 4 o 5 años (aunque el recuerdo completo se tiene a los 6) recuerda una escena en su cuarto con la señorita Peter, una joven y muy bella gobernanta que tenían en casa. Una velada ella yacía sobre el sofá  ligeramente vestida mientras leía; el paciente estaba recostado junto a ella y le pidió permiso para deslizarse bajo su falda. La gobernanta lo permitió, siempre que Ernest no dijera nada a nadie. Ella tenía poca ropa encima, tocó su vientre y sus genitales que le parecieron curiosos; desde entonces refiere haberle quedado una curiosidad ardiente y atormentadora por ver el cuerpo femenino. Aguardaba con tensión el momento en que ella entrara desnuda al agua de los baños cuando aún le permitían acompañarla a ella y a sus hermanas al mismo.

A los 6 años había en casa otra señorita, Lina, también muy joven y bella que tenía abscesos en las nalgas y al anochecer solía estrujárselos. El paciente acechaba ese momento para saciar su curiosidad. El paciente solía dormir en la habitación de sus padres.

A esa misma edad padecía de erecciones, una vez acudió con su padre para quejarse. Por entonces tuvo que superar unos reparos, pues vislumbraba el nexo con sus representaciones y curiosidad; tuvo durante algún tiempo la idea enfermiza de que los padres sabrían sus pensamientos, lo cual se explicaba a sí mismo podría suceder por haberlos declarado sin oírlos él mismo. Él ubica en ese entonces el comienzo de su enfermedad. Había personas, muchachas, que le gustaban mucho y por quienes sentía un urgente deseo de verlas desnudas, pero a raíz de dicho deseo tenía un sentimiento ominoso, como si por fuerza habría de suceder “algo” (como que su padre moriría) si él lo pensaba, y debía hacer toda clase de cosas para impedirlo. El paciente refiere haber tenido mociones sensuales mucho más intensas durante su infancia que durante la adolescencia.

Hacia los 7 años recuerda haber escuchado, junto con su hermano 1 ½ años menor, una conversación entre la señorita Lina, la cocinera y otra muchacha. La señorita Lina decía “con el pequeño es claro que una lo podría hacer, pero Ernest es demasiado torpe, seguro no acertaría”. Aunque el paciente no entendió a qué se referían, si se percató del menosprecio y comenzó a llorar; Lina lo consoló. La describe como una mujer sin mayor inteligencia y con una gran necesidad sexual, no cree que ella haya hecho algo incorrecto con él, pero él se tomaba libertades con ella. Cuando Ernest se metía en la cama de Lina, la destapaba y la tocaba, lo cual ella consentía quieta.

A los 8 años de edad, relata haber tenido unas escopetas de juguete. En una ocasión cargó la suya y le dijo a su hermano que debía mirar dentro del caño pues vería algo ahí, cuando el hermano se acercó a mirar Ernest disparó la escopeta, el tiró dio en la frente del hermano sin mayores consecuencias. El paciente recuerda haberse puesto “fuera de sí” al percatarse que su intención ´había sido causarle un grave daño, se preguntaba ¿cómo podía haber hecho eso?

A los 12 años de edad amaba a una niña, hermana de un amigo suyo. Niega haberla querido ver desnuda como a otras mujeres, era aún muy chico para tener un amor sensual con ella. Sin embargo su amor no era correspondido como él esperaba; entonces tuvo una idea: ella le mostraría amor si a él le ocurría una desgracia, le apareció en la cabeza que podía ser la muerte de su padre, rechazó de inmediato dicha idea.

El padre del paciente muere de enfisema  9 años antes de iniciar el tratamiento, es decir cuando Ernest tenía 21 años de edad. Recuerda que una tarde preguntó a los médicos cuando podría considerarse superado el peligro de lo que él suponía era una crisis en la enfermedad del padre, el médico contestó que en un par de días. Confiado, Ernest fue a dormir por una hora, pero su sorpresa al despertarse fue la noticia de que el padre había fallecido.

Se hizo el reproche por no haber estado presente en el momento de la muerte de su padre, reforzado al enterarse por una enfermera que su padre había preguntado si ella era Ernest cuando esta se acercaba al lecho del enfermo en sus últimos días. El paciente refiere que el reproche no fue martirizador en un inicio, inclusive le costó trabajo asumir la muerte del padre, por ejemplo, solía pensar que debía contarle ocurrencias a su padre, o esperaba encontrarlo al entrar en una habitación.

Fue hasta año y medio después que el reproche por su omisión le ocasionó martirio al punto de tacharse de criminal. Ubicó el inicio del sufrimiento a partir de la muerte de una tía política y la visita de él a la casa mortuoria. Más específicamente a raíz de un comentario del tío viudo que dijo que a diferencia de otros maridos, él se había dedicado sólo a su mujer. El paciente sospechó que el tío aludía a su padre, poniendo en duda la fidelidad de este a la madre del paciente. Esta interpretación dada por el paciente, fue desmentida posteriormente por su tío.

A partir de entonces construyó una serie de pensamientos acerca de la perduración en el más allá; la más inmediata consecuencia de su reproche fue la imposibilidad de trabajar. El paciente, a pesar de ser un hombre inteligente y culto, se comportaba como si creyera en la vida eterna, en el más allá donde los castigos podrían seguir siendo aplicados al padre fallecido. Sólo el consuelo de su amigo lograba calmar su sentimiento de culpa.

La idea de la muerte de su padre también le cruzó por la cabeza un año y medio antes de la muerte de su padre. Para ese entonces él ya estaba enamorado de su dama y la idea que le cruzó, ante los impedimentos de su amor, fue que si su padre muriera quizá él se volvería tan rico que podría casarse con ella. Su manera de compensar esta idea fue deseando entonces que su padre no dejara herencia alguna para que él no pudiera beneficiarse de tan terrible pérdida.

Una conducta peculiar se daba cando estudiaba para rendir algún examen, jugaba también con la fantasía de que su padre aún vivía y podía retornar en cualquier momento. Arreglaba las cosas para estudiar tarde en las noches, luego entre las 12 y la 1 abría la puerta que daba hacia el zaguán como si el padre estuviera frente a ella, y luego regresaba al vestíbulo y en el espejo de este, contemplaba su pene desnudo.

La masturbación del paciente durante la pubertad fue casi nula, afirma que su potencia es normal y que su primera relación sexual fue a los 26 años. En realidad su quehacer onanista emergió en él hacia los 21 años, poco tiempo después de la muerte de su padre. Quedaba muy avergonzado tras cada satisfacción y pronto cesó de hacerlo; desde entonces sólo se masturbaba en ciertas ocasiones: cuando vivía o leía momentos particularmente bellos.

Actualmente mantiene relaciones sexuales en raras ocasiones y de forma irregular, no acude con prostitutas porque le producen asco. Su vida sexual ha sido en general pobre, la masturbación tuvo un papel ínfimo a los 16 o 17 años.


lunes, 25 de marzo de 2013

El caso Juanito de Freud: ¿Qué es lo castrado en la castración?


Uno de los casos clínicos más importantes de Freud fue el de Hans (Juanito en castellano). Un niño de 5 años de edad que sufría de una intensa fobia a los caballos. El tratamiento del pequeño paciente fue realizado por su propio padre, no por Freud; este último sólo fungió como guía en el análisis de Juanito, recordemos que en la época esta práctica (analizar a familiares) era común.

El caso ha dado para muchas discusiones, desde las éticas y técnicas relativas al tratamiento de familiares, al análisis de niños, entre otras, hasta discusiones teóricas sobre la sexualidad infantil, el origen de las fobias, el complejo de Edipo, etc. Este trabajo en particular se enfoca en el complejo de Castración, piedra angular en el caso del pequeño Juanito.



El análisis de Juanito tuvo un papel fundamental en el descubrimiento y descripción del complejo de castración. De acuerdo con Laplanche y Pontalis, este complejo se centra en la fantasía de castración que aporta una respuesta al enigma, que la diferencia anatómica de los sexos, plantea al niño. Esta diferencia se atribuye al cercenamiento del pene en la niña. 

Esta teoría sexual del niño se ve influida por el momento de desarrollo psíquico pregenital presente, es decir que aunque el pene ya es durante la fase fálica la zona erógena más importante, teniendo su “pérdida” un fuerte impacto en el narcisismo, aún no se le concibe como un órgano con función reproductiva. 


¿Tiene el pene, como realidad anatómica, tal importancia en el complejo de castración?  ¿O lo que tiene valor es la fantasía de retaliación agresiva dirigida, durante la etapa fálica, al pene? ¿O lo importante es la función simbólica que adquiere la representación “pene” y por lo tanto la teoría infantil de castración  es la metáfora de alguna otra falta?


Freud señala desde La interpretación de los sueños la figuración simbólica de la castración, está representada por una falta, o bien por la insistencia en señalar el elemento fálico a través de la multiplicación de penes. Aquí le da a la castración el valor de símbolo, suceptible de ser desplazado, condensado, etc., es decir sujeto de las formaciones de lo inconsciente. 


Nuevamente Laplance y Pontalis apuntan respecto a la fantasía de castración que: “…se puede encontrar bajo diversos símbolos: el objeto amenazado puede desplazarse, el acto puede deformarse, y el agente paterno hallar los más diversos sustitutos.” Esta fantasía adquiere su efecto e importancia en el marco de la fase fálica del desarrollo psicosexual infantil, que “se caracteriza por la unificación de las pulsiones parciales bajo la primicia de los órganos genitales; pero a diferencia de la organización genital puberal, el niño o la niña no reconocen en esta fase más que un solo órgano genital, el masculino, y la oposición de los sexos equivale a la oposición fálico-castrado.”


Sin embargo, el conflicto teórico respecto a la universalidad del complejo de castración, y de su papel en la niña han levantado desacuerdos entre los psicoanalistas. Me parece que los intentos que han habido por resolver la polémica respecto al papel que este complejo generaría en la niña se dirigen a devolverle su papel de fantasía, de símbolo y representación, más que de realidad. 


Algunas alternativas se han dirigido a localizar experiencias de pérdidas previas a la castración que tengan el valor de significar en retrospectiva el papel que el complejo de castración tiene durante la fase fálica. Por ejemplo, haciendo uso de las equivalencias simbólicas entre diversos objetos parciales el mismo Freud propuso la equivalencia psíquica entre pene-heces-niño, siendo los tres objetos susceptibles de ser desprendidos del cuerpo en la fantasía infantil. Freud remite esta equivalencia pues las heces fueron el primer fragmento del ser corporal al que el niño tuvo que renunciar. 

Por ejemplo, Melanie Klein propone una lógica distinta al ubicar la angustia de castración en una fase de desarrollo más temprano, y que resulta diferenciada en sus efectos dependiendo del sexo del bebé. La angustia de castración en ambos casos parte de una fase femenina común en el desarrollo oral, se origina con la fantasía de succión del pene del padre tras hacer una sustitución del pecho por el pene que la madre ha incorporado. 


El interjuego de ataques fantaseados característico de la posición esquizo paranoide, y la ambivalencia posterior en el desarrollo psíquico, tienen consecuencias en la angustia de castración. Los ataques al interior del cuerpo de la madre, y a los penes-bebés dentro de ella resultan en angustias de ataques equivalentes en el propio cuerpo, especialmente en el caso de la niña, cuyo interior es particularmente proclive al daño dado que la ausencia de un órgano genital como el pene no permite el reaseguro, con la realidad, de su integridad. 


El varón sufre en menor medida de esta angustia de daño interno, pero teme la castración por el ataque del pene malo dentro del cuerpo de su madre, que al introducir el propio, sería destruido en retaliación. Green dice de la teoría kleiniana de la castración que la angustia resultante es un aspecto muy parcial de una angustia mucho mayor, cuyo objeto, es el cuerpo y su interior. 


El conflicto que veo con este tipo de planteamiento es que dicha amenaza de pérdida puede remontarse y referirse análogamente a un evento traumático cada vez más temprano en el desarrollo. Pienso que referirlo a una protoexperiencia, ya sea de pérdida o de angustia, quita el sentido y significado particular que cada pérdida tiene en el Anlage  de cada etapa del desarrollo psíquico.


Otra explicación original sobre el complejo de castración es la que brinda Lacan al retomar el concepto del falo que Freud insinuó, y organizar bajo él, toda la estructura de su teoría. Lacan pone nuevamente al centro de la discusión psicoanalítica el complejo de Edipo, siendo el complejo de castración básico para originarlo. 


Por varios años las investigaciones, como las de Klein, se habían enfocado en las etapas preedípicas.


Nasio señala 3 puntos centrales en la teoría lacaniana respecto a su concepción del humano, en primer lugar lo define como un hombre que simboliza, que metaforiza, y en el cual, la realidad no existe sino representada. Dice que vivimos en la metáfora, es decir que siempre suplimos la realidad por otras cosas que la designen, vive la realidad representada y el inconsciente es el conjunto de representaciones organizadas entre sí, como lenguaje del que él no tiene consciencia.


En segundo lugar, el hombre de Lacan es un hombre que desea, que quiere, que busca. Está ligado a las pulsiones, el deseo no se realiza nunca totalmente, sólo parcialmente, y ni sabemos que estamos animados por un deseo, ni tampoco sabemos muy bien de qué cosa es ese deseo. Esto lleva al tercer punto, que hace que el hombre de Lacan sea un hombre del reencuentro, del encuentro fallido y perdido. De ahí su expresión “no hay relación sexual” en el sentido de una relación completa, genital, y en que el deseo se colme, pues todos somos sujetos de una falta y no podemos brindar aquello de lo que carecemos.


En su teoría acerca del complejo de castración, se anudan los 3 registros de los que Lacan habla, la frustración corresponde al imaginario, la privación corresponde a lo Real, y finalmente la castración a lo Simbólico. Lacan plantea que el niño y la niña, insertos en un sistema cultural simbólico desde antes de su nacimiento, son quienes insisten en que algo falte al constatar la diferencia anatómica entre ellos, y el significado que brindan a esa falta depende de cómo se simbolice en su Edipo.


La falta originaria, al igual que en otras teorías, se remonta al desarrollo temprano. En este caso parte de dos sitios, el primero propio del bebé, quien busca repetir en toda satisfacción libidinal la huella mnémica producida por la primera satisfacción, es decir busca en el exterior rencontrar el objeto inexistente que brinde la plenitud absoluta. Esta búsqueda, mientras sea incompleta, moviliza las pulsiones.


En segundo lugar, esta falta originaria proviene de la madre misma, designada por su función como Otro. Es el Otro quien representa la posibilidad de completud absoluta que el bebé busca, pero ese Otro también es incompleto y no puede brindar aquello que no tiene. Todo este intercambio de expectativas imaginarias imposibles, pues el Otro-madre también desea colmar su falta con el bebé-falo, Lacan lo llama frustración. 


Luego la privación, en la que la falta se encuentra en algo real, como en el caso de la diferencia anatómica de los sexos y la oposición castrado-fálico. Sin embargo, todo esto cobra sentido a partir de la capacidad simbólica del sujeto, pues para Lacan no existen ni el hombre ni la mujer en lo real, sino desde lo simbólico, “donde lo real del cuerpo es organizado a través de lo simbólico, generando lo imaginario de una “individualidad”.


La castración se da cuando aparece en escena la Ley Paterna, y organiza las otras dos categorías de falta.  Para que la castración tenga sentido, exige la frustación, es decir la renuncia a ser el falo de la Madre, pero también le da sentido a la privación, pues solo desde lo simbólico la privación es concebible. 


Así planteado, el complejo de castración resulta de la simbolización que se hace sobre el objeto de la falta, el falo. En la etapa fálica, el pene como presencia o ausencia sólo tiene importancia respecto a cómo se haya asociado con el significante de la falta, el falo. Plantea una igualdad en el desarrollo infantil de niños y niñas previo a que la castración, como simbolización de la falta, tiene efecto.


En todo caso, pienso que lo castrado tiene poco que ver con el pene como realidad anatómica, coincido con las perspectivas que toman el concepto como símbolo de otra cosa, quizá pecho-pene de la madre, quizá la posibilidad de la completud a través de ser el falo de la madre, pero tomando como punto de partida la realidad anatómica que dispara, como Freud dedujo, una serie de fantasías que intentan explicar dicha diferencia. 


jueves, 22 de noviembre de 2012

Estructura Histérica: Identificación, deseo y goce.



El caso de Dora es uno de los trabajos psicoanalíticos más famosos de Freud. En su momento fue pensado por su autor como una muestra del trabajo que realizaba con los sueños de sus pacientes, otra de sus intenciones a nivel teórico fue la de sustentar la etiología de la neurosis histérica sustituyendo la previa teoría de la seducción, por la del deseo Edípico reprimido y causante de síntomas.


El caso ha dado pie a muy diversas discusiones e investigaciones por parte de psicoanalistas de todas las épocas y posicionamientos teóricos. Se discute tanto el material contenido en el escrito de Freud, como el ausente; se ha buscado comprender el caso de modos diversos al que Freud eligió, se han propuesto distintos diagnósticos basados en la información y suposiciones hechas a partir del caso, se han hecho debates en torno a la técnica usada por Freud de principios de Siglo XX. 

Dora fue vista, tratada y descrita como histérica por Freud a partir de la sintomatología conversiva, y el conflicto Edípico observado por él. Mi intención en el trabajo es orientar y fundamentar el diagnóstico histérico por la estructura, más que por la sintomatología, tomando como bases algunas de las ideas que la escuela francesa, representada por Jaques Lacan, ha hecho al respecto.

En primer lugar es importante hacer algunas anotaciones respecto al punto de partida teórico de Lacan, pues influyen en el desarrollo de su perspectiva metapsicológica, y por lo tanto en su apreciación del caso de Dora. Lacan recupera las enseñanzas de Freud y lo reinterpreta a partir de introducir la estructura del lenguaje en su entendimiento del inconsciente; para este psicoanalista el inconsciente está estructurado como lenguaje.

Lacan justifica su proceder al analizar los mecanismos de condensación y desplazamiento descritos por Freud en “La Interpretación de los Sueños”, encuentra en ellos la analogía entre el funcionamiento de los procesos inconscientes y algunos aspectos estructurales del lenguaje (metáfora y metonimia por ejemplo). Las consecuencias de esta forma de comprender los contenidos inconscientes llevan a remitir el inconsciente a la estructura del lenguaje. El acto mismo del lenguaje hace surgir el inconsciente, y es el lugar donde se expresa. 

Al igual que Freud, el trabajo teórico de Lacan en torno a la histeria se actualizó de acuerdo al momento de desarrollo de sus respectivos trabajos clínicos y metapsicológicos. Así, mientras muy temprano en sus investigaciones, Freud encuentra con la “conversión” la primera explicación defensiva de la histeria (proceso por el cual la magnitud de estímulo de la representación  intolerable resulta transformada en excitación somática), Lacan describe la histeria como un discurso, es decir como una forma lenguaje estructurado. 

Si Freud incorporó a su tesis de la histeria las nociones de trauma, fantasía, pulsión, complejo de Edipo y de castración, Lacan complementó la suya de la estructura del discurso histérico con la modalidad del deseo, la subjetividad, la identificación viril, y el papel del goce. Lo que distingue los trabajos de ambos psicoanalistas es el punto de partida para explicar la formación de los síntomas.


A continuación se desarrollan algunas de las ideas que sostienen la tesis lacaniana en torno a la histeria de Dora. Por ejemplo, el componente homosexual de Dora, señalado por Freud en su revisión del caso, es retomado por Lacan e introducido en su planteamiento acerca de la histeria en general como una “identificación viril”. Dicha identificación se hace necesaria puesto que a nivel simbólico, no hay un significante de la mujer con el que Dora pueda identificarse. 


Este concepto requiere de mayor explicación, pues tiene su raíz en el complejo de Edipo, donde la madre fálica en diada con el bebé es castrada, quedando en falta. Este es el papel que tiene la función paterna en el Edipo, da a un tercero la posesión del falo como objeto deseado, priva al bebé y castra a la madre. No renunciar a la madre fálica desemboca en una estructura perversa, pero la aceptación de dicha castración (la propia y la materna) lleva a la neurosis, ya sea en su modalidad histérica u obsesiva. 

Tras el Edipo, la histeria representa una posición de no tener, más asociada a lo femenino, mientras la estructura obsesiva representa la posición (masculina) del tener. Lo anterior se da puesto que el primer objeto de identificación (imaginaria) madre, es castrado, no tiene falo.  El obsesivo ¨voltea¨ hacia el padre, poseedor del falo, para identificarse simbólicamente con él y poseer el falo. La histérica, junto con lo femenino, queda sin un significante. Esto dificulta la identificación simbólica con la madre castrada. 

Sin embargo en la histeria, la falta de un significante (simbólico) como tal femenino es compensada con una identificación imaginaria con el hombre. La histérica, como es el caso de Dora, se identifica con los hombres a su alrededor como medio para acceder al falo, cuando menos en el plano imaginario al ser-como-el-padre-fálico. El amor al padre se sostiene en un deseo fálico, pues es lo que de él busca obtener. 

En este sentido, desde niña Dora se había inclinado más por una identificación con el padre, posteriormente el Señor K sustituye a este como su imagen de identificación. Colocándose desde la mirada del otro-varón, como en el Edipo negativo, Dora se identifica con el deseo del Señor K, ella también está encantada con la Señora K y la desea. Así es como intenta responder la pregunta sobre qué es ser una mujer, deseando a otra mujer. Su elección de objeto es homosexual  en este sentido. 

La raíz conflictiva del componente homosexual en la histeria, no tiene que ver con la elección de objeto, sino con la identificación. Es la imposibilidad de Dora (o de las histéricas), para identificarse con lo femenino, lo que desencadena sus idas y vueltas en el camino del deseo, buscan tener lo femenino en vez de serlo, es decir que se identifican con el supuesto padre fálico y desde esa posición buscan encontrar la feminidad. La histérica de Lacan se reconoce porque con su neurosis persigue la pregunta sobre ¿qué es ser mujer?, pero la aborda desde una postura de tener, y mientras no renuncie a tener lo femenino para encarnarlo y serlo, su búsqueda no cesa.

Dora, identificada virilmente con el Señor K, buscaba el significante de la mujer, para ella representada por la Señora K, quien de este modo ocupa el lugar del tercero, buscando aprehender el símbolo de esta. Además, el cambio del padre por el Señor K es favorecido tanto por la edad, (la imago del padre encaja bien con el Señor K en tanto que es mayor que ella), pero principalmente por la impotencia del padre. Dora reintroduce a la estructura a un hombre potente y fálico.

Otra característica estructural de la histeria tiene que ver con el deseo, el cual también se estructura a partir del complejo de Edipo. El deseo difiere de la demanda porque no busca un objeto para la satisfacción, sino apunta a otro deseo, es decir que es deseo del deseo y por lo tanto es imposible de satisfacer. 

En la histeria el deseo es el deseo del Otro; su insatisfacción tiene dos caras. Por un lado, al colocarse como el deseo del Otro, siempre es insatisfecho ya que lo que busca es el deseo, es decir la falta del Otro, no al Otro. En forma inversa, la histérica desea desear al Otro, recordemos que no busca al objeto, sino al deseo como algo vivo, por tanto se obtiene el mismo desenlace de insatisfacción. Esta configuración es Edípica pues es la Ley paterna la que prohíbe los objetos primarios, representados por el deseo de la madre, y expulsa el falo fuera del alcance del sujeto.

Como se dijo antes, en el caso de Dora el componente homosexual (identificación viril) se observa como medio para acceder a su verdadero objeto de deseo, la Señora K. Complementando esta afirmación con la estructura del deseo histérico, se entiende que la Señora K es el objeto de deseo porque es ella quien encarna para Dora al objeto de deseo del padre (Otro).

La Señora K tiene lo que Dora quiere tener, posee  ese algo que pone en marcha y sostiene el deseo de su padre (el Otro para Dora). También sostiene el deseo del Señor K, sustituto del padre con quien Dora se identifica. Una de las razones por las que Dora da la cachetada al Señor K en el lago, es por sus palabras “mi esposa no significa nada”, ya que con ellas quita a la Señora K de la posición en que Dora la había puesto. 

Si para el Señor K su esposa es nada, la joven pierde la posibilidad de acceder al padre a través de tener lo que ella, es decir de lo que Dora atribuía a la Señora K y que tanto deseaba el padre. La identificación viril de Dora con el Señor K ya no tiene utilidad pues él mismo le dice que no hay algo en su esposa que él desee. Es entonces que la joven se percata de ser un objeto de intercambio: es otorgada por su padre a cambio de mantener la relación con la Señora K.

Finalmente, en cuanto al goce, las histéricas buscan descubrir y evidenciar la falta en todos los otros, espejos de identificación de ellas mismas, colocándose en el lugar del deseo de los demás, demostrando a los otros lo incapaces que son de satisfacerlas, lo incompletos que todos están: ellas que quedan insatisfechas en tanto buscan la satisfacción absoluta, como sus objetos que no las pueden completar. En esto consiste el goce de la histérica. 

martes, 30 de octubre de 2012

Estadio del Espejo y Complejo de Edipo según Jaques Lacan



Jaques Lacan. Psicoanalista francés.
Uno de los planteamientos fundamentales de esta teoría es el papel del falo como significante de la falta y por lo tanto como motor del deseo. Para comprender este punto de vista es relevante explicar el papel que el complejo de Edipo tiene desde esta perspectiva estructural, pues el paso por dicho complejo, es lo que determina la estructura del Sujeto, siendo la histeria, uno de los cuatro posibles desenlaces.

De acuerdo con la lógica de esta teoría, el complejo de Edipo inicia en el umbral del estadio del espejo, momento particular en el desarrollo psíquico del niño en relación a su identificación y, al mismo tiempo, alienación con su madre. En esta experiencia de identificación, el niño conquista la imagen de su propio cuerpo, dando lugar a la estructuración de su Yo (Je). Previo a este logro, el niño vive bajo una fantasía de cuerpo fragmentado donde no hay una experiencia de totalidad unificada, sino de algo disperso. 

El estadio del espejo se organiza en distintos tiempos. Inicialmente existe una confusión entre uno mismo y el otro, se evidencia el vínculo del niño con lo que Lacan llama el registro imaginario, el niño que golpea, dice que lo han golpeado, se vive y se localiza en el otro. El segundo momento se da cuando el niño es capaz de descubrir que el otro del espejo no es un ser real, sino una imagen, es decir sabe distinguir la imagen del otro de la realidad del otro. En el tercer momento el niño se re-conoce a través de esa imagen, es decir que reúne en una totalidad unificada la representación del cuerpo propio, su Yo (Moi).

A estas alturas del desarrollo, la conquista de identidad se da a nivel del registro imaginario, lo que se refiere a que la formación de su Yo (Je) se da a partir de la observación de su imagen en el otro especular Yo (Moi), es esto lo que paradójicamente favorece su propia alienación y desconocimiento, pues se ve en otro.

El Edipo tiene igualmente tres tiempos, cada uno es definido por la posición que el niño adopta respecto al falo, significante que se corresponde con el concepto de la falta. Esta noción va más allá de la realidad anatómica de la diferencia de los sexos, es decir que aunque se ancla en la percepción visual (imaginaria) de esta ausencia, precede a ella. El niño persiste en concebir como faltante algo que él imagina que debería estar ahí, mas no se trata de una falta genital, sino del falo como objeto en sí mismo inexistente, como falta constitucional. 

Como queda claro, la diferencia anatómica de los sexos es un problema a nivel de la identificación en el registro imaginario, pero es el papel del falo lo que desencadena el complejo de Edipo. Inicialmente el niño se coloca como siendo el falo de la madre, se vive como el objeto del deseo de la madre, colmando todo deseo posible de ella quien en consecuencia no tiene falta. Su deseo es ser el deseo de la madre.

Un segundo momento se da cuando “ser el falo” no es sostenible gracias a la función paterna. Más que la presencia de un padre de carne y hueso, la función paterna instaura la Ley del no incesto, priva al niño de la madre, y castra a la madre del niño-falo. La Ley paterna implica que la madre desea más allá de su hijo, lo que el bebé entiende con ello es que ni él ni su madre son el falo y que ambos se encuentran sujetados a otro orden. Este es el orden del registro simbólico, donde existe un tercero que rompe con la díada. Esto es el complejo de castración según Lacan.

Finalmente, la declinación del Edipo se da por la simbolización de la Ley. En este tercer tiempo, el padre no sólo es quien castra al niño y a la madre, sino quien tiene el falo, es poseedor del objeto deseado por la madre. La función estructurante que este tiempo del Edipo tiene para el niño consiste en la localización exacta del deseo de la madre, ya que tanto ella como él, están desprovistos del falo; el padre deja de ser quien priva, y al ser el supuesto depositario del falo, lo restablece en el lugar del deseo de la madre. El niño, como su madre, desprovistos de falo, pueden desearlo allí donde se encuentra. El falo deja de ser algo que se es, se simboliza como algo que un tercero tiene y se desea tener, la simbolización de la Ley implica la represión originaria (no incesto) y la subsecuente sustitución/simbolización de objetos.