Información

Mtro. Alejandro Silva Antúnez

Psicólogo y Psicoanalista

(Cédula 08720770)

Atención psicológica para adultos, adolescentes y niños.

Datos de Contacto:

Celular: (04455) 1361 4577 (preferente)

Consultorio: (55) 6647 5665 (recados)

Correo electrónico: alejandro.silvaan@gmail.com

Horario:

Lunes a Viernes de 8AM a 9PM

Sábado de 8AM a 2PM

Ubicación:

Circunvalación Poniente #10

Cd. Satélite, Naucalpan.

Mostrando las entradas con la etiqueta Identidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Identidad. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de marzo de 2015

Dolor emocional: ¿Por qué nos duele el rechazo?

¿Qué es el dolor emocional?

El dolor emocional se refiere al displacer que experimentamos internamente ante eventos que lastiman nuestra propia imagen, nuestra autoestima o que nos provocan sentimientos desagradables como el desamor, la decepción, el rechazo o similares.

El dolor físico que nos provoca un golpe o una enfermedad orgánica puede ser fácilmente ubicado en alguna parte de nuestro cuerpo, por ejemplo la piel o el intestino. Por otro lado, el dolor emocional carece de una ubicación específica en nuestro cuerpo, esta característica de ninguna manera lo hace menos real o intenso, de hecho nuestro sistema nervioso (específicamente la corteza cingular anterior de nuestro cerebro), registra el dolor de las emociones del mismo modo que lo haría con el dolor físico.

Metafóricamente se localiza al dolor emocional en un corazón roto, o en la forma de un nudo que se enrosca en la garganta. Incluso se le confunde con otras sensaciones físicas cuando no sabemos identificar nuestras emociones.

Que el dolor emocional carezca de una ubicación precisa y concreta en nuestro organismo se debe a que surge a través de la interacción que tenemos con nuestro entorno, de la convivencia con otras personas, seres y objetos en los que vertimos nuestros afectos, de expectativas, deseos y temores que construimos para invertir nuestras emociones.

El mundo exterior, la sociedad, la cultura, etc., se convierten en los proveedores y acreedores de nuestras emociones, y es cuando el flujo libre de estas se ve interrumpido por algún motivo que sentimos dolor emocional.

Hay algunos tipos experiencias que generan un dolor emocional, sin duda el rechazo es una de estas y genera en nosotros infinidad de emociones y sensaciones desagradables. Existen muchas razones por las que el rechazo no suele.

En el contexto del que estamos hablando, el rechazo se refiere a la no aceptación de un rasgo particular o a la entidad completa de nuestra identidad. La identidad es el resultado que unifica el inmenso conjunto de factores que nos hacen ser quienes somos hoy en día, a través de nuestro desarrollo vamos adquiriendo la capacidad de querer a otros y a nosotros mismos gracias a la interacción que tenemos con ellos.

En la medida en la que somos queridos, por ejemplo por nuestros padres, adquirimos la capacidad de querernos a nosotros mismos, es decir de tener cariño y cuidado por lo que somos. Esta capacidad ayuda y garantiza que podamos continuar nuestro desarrollo y que nos sintamos competentes, capaces de amar a otros y merecedores del amor de otros.

Cuando somos rechazados sentimos en riesgo nuestra confianza y nuestra aptitud de ser merecedores de amor. El rechazo corta el intercambio, previamente armonioso, de afecto entre el exterior y nosotros mismos, más aún, cuando la vivencia de rechazo es grave corta inclusive el afecto que podemos sentir por nosotros mismos y nuestra identidad, llegando a casos en los que buscamos ser otra persona o cambiar, no por convicción, sino con el objetivo de recuperar el equilibrio de cariño previamente perdido.

Uno podría preguntarse de parte de quién duele más el rechazo, una pregunta difícil de contestar por lo únicas que resultan ser las experiencias y las historias de cada uno de nosotros, sin embargo podemos tratar de dar una respuesta general y tomando en cuenta algunos contextos, por ejemplo, en términos de desarrollo el rechazo más doloroso que podemos experimentar es el de nuestros padres o cuidadores.

Una madre cuida y ama a su hijo simplemente porque es su hijo, sólo en el plano emocional dicho intercambio es parejo, pues la mamá disfruta tanto como su bebé la interacción que tienen, aunque claramente sólo el primero depende de la madre para su supervivencia.

Con nuestros cuidadores desarrollamos o no la convicción de ser aceptados y amados incondicionalmente por el sólo hecho de ser nosotros mismos, es la carga inicial de aceptación con la que partimos rumbo al resto de nuestro desarrollo. Más adelante se espera que tengamos ciertas conductas, actitudes u otras cosas para ser aceptados y queridos, por ejemplo ser amables, tener buenas notas, ser inteligentes o chistosos, etc.

rechazo social

A todos los intercambios futuros que tenemos en nuestras interacciones afectivas con otros, subyacen las pautas de relación adquiridas con nuestros padres, incluso en cuanto a la aceptación y cariño que tenemos de nosotros mismos, aprendemos a amarnos como sentimos haber sido amados por otros.

En términos de cercanía afectiva, los rechazos duelen más cuando provienen de las personas que más queremos. La razón de ello es que con quienes somos más cercanos compartimos más de nosotros mismos, sentimos que tienen un entendimiento más profundo de quienes somos y esto se debe a que confiamos más en ellos. Además el intercambio emocional es mayor, yo quiero más a esta persona que al resto y esta persona me quiere más a mí que a los demás, en esa medida es garantía de mí potencial para ser amado y para brindar cariño.

Si sufro un rechazo de alguien muy cercano, es más probable que sienta que rechaza más aspectos de mí puesto que los conoce, o que los aspectos buenos míos no sean suficientes para compensar los que no lo son y causan el rechazo. Dicha persona, por su cercanía, tiene el potencial de cambiar la percepción que tenemos de nosotros.

Sin duda el rechazo genera una de las experiencias más dolorosas en términos emocionales, el rechazo de alguien más hacia nosotros resulta doloroso por sí mismo, máxime cuando esta persona es significativa para nosotros, sin embargo lo más grave es cuando el rechazo proviene de nosotros mismos, como si hubiésemos hecho nuestras las opiniones negativas que otros tienen sobre uno mismo, o no hubiéramos podido cargar suficiente batería para aceptarnos. En estos casos, el dolor emocional que genera el rechazo se experimenta de manera continuada.

lunes, 5 de enero de 2015

Selfies y Narcisismo: La identidad a través de otros

A continuación comparto con ustedes el trabajo que tuve oportunidad de presentar en el VII Congreso de Psicoanálisis de la Sociedad de Psicoanálisis y Psicoterapia de la SPM que se llevó a cabo en la Ciudad de México el día 25 de octubre de 2014. El enlace original del artículo es: http://alejandrosilva.mx/narcisismo-y-las-selfies-la-identidad-traves-de-otros/

En 2013 el término “selfie” fue nombrado como la palabra del año por el Diccionario Oxford que la define como “Una fotografía que uno se toma a sí mismo, típicamente con un teléfono inteligente o una cámara web y se comparte a través de redes sociales”. El uso del término selfie se incrementó en un 17,000% del 2012 al 2013 y actualmente hay más de 183 millones de fotografías etiquetadas como selfie en Instagram. (Oxford Dictionaries Blog)

Es evidente el aumento exponencial en el uso y difusión de las selfies, sin duda la plataforma tecnológica que permite que estasfotografías sean tan sencillas de producir y difundir ha favorecido este fenómeno, sin embargo también es claro que si esta plataforma se ha creado y robustecido, ha sido para responder a un deseo por tomar ycompartir imágenes de uno mismo en la red. ¿Qué motivación tenemos para ello?

Algo característico de las selfies es que el protagonista de la toma somos nosotros mismos, el entorno que nos rodea sirve de contexto.Somos nosotros mismos en una playa, presentando en un congreso, en el gimnasio, con alguna celebridad, cocinando, etc. Que las selfies se traten de nosotros mismos dice mucho sobre la motivación que subyace a este fenómeno, se le conoce como narcisismo a la investidura libidinal del yo.

Tomar y compartir una selfie es una manera de decir “este soy yo”, la imagen reflejada en la pantalla del celular sintetiza en una toma algo de nuestra identidad, a partir de dicha fotografía se puede decir algo acerca de nosotros. El reconocernos a nosotros mismos a través de una imagen unificadora es un logro fundamental del estadio del espejopuesto que abre la posibilidad al sujeto de tomar a su propio yo como objeto de amor.

Este proceso puede observarse entre los 6 y 18 meses de edad cuando el pequeño aún sumido en la impotencia propia de la inmadurez biológica con la que nace el humano asume con júbilo su imagen en el espejo que le refleja la forma total de su cuerpo, su yo. El júbilo con que se asume dicha imagen se debe al contraste de la experiencia fragmentada que el bebé vive de sí mismo antes de identificarse con la imagen armónica e integrada con que la es devuelto su reflejo.

En este orden de ideas, la consolidación del narcisismo es un logro fundamental para el equilibrio psíquico y marca un punto de inflexión respecto al caos y la fragmentación previos. Esta imagen del espejo se origina gracias a la mirada y al deseo del Otro, en este caso la madre. Nos identificamos a partir de lo que ella o quien ejerza su función refleja y reconoce de nosotros, con base en dicho reflejo comenzamos a definir lo que somos, generándose la matriz para futuras identificaciones. Nos conocemos a nosotros mismos a partir de otro.

Una carencia importante en el espejeo puede provocar una pobre integración de la identidad en un sujetodebido a la falta de investidura libidinal quefacilite la integracióndel yo. La difusión compulsiva y masiva de selfies puede deberse a una falla en este proceso. En estos casos las selfies podrían tener la función de “adhesivo”libidinal y ser un intentoparacontrarrestar la angustiante sensación de fragmentación como la que acompaña al bebé cuando se vive presa indefensa frente a la pulsión de muerte, el caos antes del yo.

Si para ser y existir necesito la mirada de otros que libidinicen mi yo, quizá pueda conseguir la sensación de existencia y de ser visto invadiendo el espacio virtual con imágenes mías. De manera paradójica quizá lo que muestren sea justamente la fragmentación de su identidad a través de la multiplicidad de imágenes suyas en la red. La imposibilidad de organizar la propia experiencia de manera coherente y cohesiva puede señalar una falla básica la integración del sí mismo.

Quizá el aumento en el uso de las selfies también pueda deberse a la dificultad que actualmente experimentamos en nuestra sociedad para procesar e integrar tantos estímulos que recibimos del mundo externo. La imagen, y no la palabra,sería el nuevo organizador de la experiencia, en este sentido la selfieviene a sustituir a la conversación para expresar cómo la pasé en equis lado, perdiéndose mucho de la expresión e intercambio de los significados de la experiencia.

Por supuesto que no todo aquel que se toma y publica selfies sufre de una angustia de fragmentación y necesita encontrar miradas que le ayuden a integrar su yo. El hecho de compartir una selfie no dice mucho por sí mismo y sólo adquiere sentido en función de lo que signifique para la persona en el momento en que la comparte.

Partiendo de la premisa de que una selfie es una representación de nosotros mismos que se comparte con otros, pienso que debemos buscar su significación en el campo intersubjetivo.Por ejemplo, lo que una persona considera como un atributo de valor del sí mismo, dice mucho sobre cómo ha sido mirada esa persona por sus otros significativos y lo que en su reflejo ha reconocido como valioso de sí mismo, es decir que podemos observar cómo ha introyectado la relación con sus objetos idealizados en la manera en que se relaciona consigo mismo y con los otros que afirman o niegan su valoración narcisístico.

Una de las motivaciones del sujeto puede ser la de encontrar su yo-ideal en la mirada de los demás, este es el deseo narcisista, que en esencia consiste en sentirse único, diferente y superior a todos los demás. Recordemos que la imagen unificada con la que nos identificamos en el estadio del espejo es eso, un espejismo de lo que quisiéramos ser, este Yo-Ideal siempre tendrá esa característica de ficción e ilusión pues es fundado en la relación entre la madre idealizada que a su vez idealiza a su bebé.

Una selfie en un restaurante nuevo y muy elegante puede adquirir significados distintos dependiendo de cada sujeto. Para unos el valor narcisista depende de que se les reconozca su capacidad económica para asistir a dicho lugar, habrá otros que se acerquen a su yo ideal sólo bajo la condición de que se les reconozca como gourmets por su buen gusto por la comida, o por conocer los lugares de vanguardia. Incluso habrá aquellos que se reconozcan valiosos si son representados como sociables al compartir el momento entre amigos.

En términos del deseo narcisista, el sujeto va a buscar recibir a través de la mirada de los otros el reflejo de la imagen que representa a su yo ideal.La herida narcisista es intolerable pues excluye al sujeto del deseo del otro. La lógica del Edipo responde al deseo de ocupar un lugar de privilegio para el otro, hay uno que elige y dos que pueden compararse. 

Mientras el sujeto se encuentre en una lógica de exclusión, la rivalidad con el tercero por la preferencia del otro, da lugar al triunfo o a la derrota narcisista. O yo o el otro. Los atributos que posea determinado sujeto se representan como medios para alcanzar dicho deseo.

Quizá esto sirva para explicar por qué a pesar de que el ángulo en que se toman la selfies es tan desfavorable para la estética de la persona, hay quienes se empeñan tanto en salir perfectos en ellas, quitando la espontaneidad del momento que capta la esencia del instante fotografiado.Exijen para sí mismos un nivel de perfección que los coloque por encima de los demás, única garantía de ocupar un lugar para el otro. Exigencia que probablemente vivenciaron en la relación intersubjetiva con sus objetos, la demanda de perfección como condición para ser mirado y considerado por el otro.

Sólo más adelante en el desarrollo se incorpora a un tercero que también es deseado por el otro, el sujeto y los otros tienen funciones y ocupan posiciones frente a los demás: que la madre sea pareja sexual del padre, ya no excluye que el hijo varón pueda tener la suya. Los atributos propios son vividos como aspectos que enriquecen nuestra identidad, no como unidades a partir de las cuales se puede hacer un juicio totalizante acerca del sujeto.

El desarrollo de la identidad prosigue su camino a través de futuras identificaciones, la imagen con la cual buscamos identificarnos es aquella hacia la que se dirige el deseo del otro. Primero el yo-ideal del espejo, luego es el rival Edípico quien concentra el deseo del otro y con el que deseamos identificarnos, y así sucesivamente.

Finalmente somos lo que somos, seguimos anhelando fusionarnos con aquella imagen idealizada que creímos ser, sólo que ahora tenemos formas más complejas  y maduras pues nos hemos inventado miles de actividades, de proyectos y de objetos a través de los cuales esperamos y a veces conseguimos recortar esa distancia, a nuestro favor digamos que somos el ideal que hace varios años anhelábamos ser y que ahora disfrutamos de muchas más cosas de las que antes podíamos disfrutar.

De vez en cuando surgen nuevos de atajos que creemos podemos tomar, las selfies pueden ser eso, pero también mucho más. Por lo pronto permítanme tomar una selfie.

miércoles, 25 de junio de 2014

Psicología del Fútbol. Parte 1

Con motivo del inicio de la Copa Mundial de Fútbol  2014 que se lleva a cabo en Brasil, recibí la amable invitación a participar en el programa de Su Médico Radio que se transmite los domingos a las 10 AM a través de 102.5 MVS, para comentar acerca de las emociones que se despiertan con motivo de este deporte en particular. 


A continuación está el vínculo a través del cuál se puede acceder al podcast de la transmisión. Asimismo aprovecho este blog para ampliar algunos de mis comentarios durante la transmisión.



¿Por qué el fútbol es un fenómeno emocional además de ser un fenómeno deportivo?

El fenómeno del fútbol se puede abordar desde al menos dos perspectivas. La primera es tomando en cuenta al individuo y lo que a este le mueve emocionalmente el fútbol, se trata de determinar qué representa para dicha persona el fútbol. La segunda perspectiva es considerando a este deporte como un fenómeno social, de masas y por lo tanto lo que representa a nivel cultural este fenómeno deportivo .

Como acontecimiento social el fútbol cobra su fuerza a partir del fenómeno de la identificación. Por ejemplo, en la Copa Mundial de Fútbol hay 32 selecciones que representan a sus respectivos países. Ahí es muy claro el primer punto de identificación entre los habitantes de un país y la selección que los representa, si yo soy mexicano posiblemente haya un grado de identificación mío con los jugadores que me representan en el torneo. 

Una vez que se establece una identificación crea un vínculo, es decir un lazo emocional. A mayor grado de identificación, mayor es el afecto que nos une. En principio es como si esos jugadores fueran una especie de avatar de nosotros mismos, y en la medida en que compartimos una serie de características con ellos y nos identificamos casi podemos sentir como si nosotros mismos estuviéramos participando en el torneo y jugando sobre la cancha , es decir vivir como propias las emociones que ellos nos están reflejando.

Sin embargo es importante señalar que la identificación no necesariamente se da gracias a las características reales que podamos compartir con alguien, sino que de hecho resultan más importantes las características que imaginamos, suponemos o deseamos que tengan. Siguiendo el ejemplo anterior sobre la identificación de un aficionado con la selección de fútbol de su país, podríamos decir que  el que sean de nuestro mismo país sólo es el punto de partida para que podamos proyectar y depositar en los futbolistas una serie de ideales que nos pertenecen a nosotros. 

Explicado de otro modo, los futbolistas representan un ideal para nosotros porque de hecho somos nosotros quienes deseamos verlos idealizadamente. Que sean un ideal quiere decir dos cosas, por un lado que son una idea, una fantasía. Por el otro lado quiere decir que son una aspiración, algo que no de hecho existe. Son una idea que nosotros construimos acerca de ellos, y son aspiracionales de acuerdo con nuestros ideales. 

Esta última consideración es la que funciona como bisagra que une lo social y lo individual. Cada quien proyecta en los futbolistas y el deporte distintos aspectos de sí mismo y de sus ideales con los que luego se identifica, cuando hay un consenso dentro de una masa de personas sobre quienes van a representar sus ideales, se da el fenómeno social. 

El fútbol, como muchos otros deportes, se presta a representar por sus características una serie de conflictos e ideales humanos que favorecen que un amplio número de personas proyecte, sobre sus figuras mediáticas más conocidas, sus propios conflictos e ideales. Por ejemplo, el fútbol es un deporte de contacto, se necesita de la agresión para lograr el objetivo de anotar goles en la portería contraria, al tiempo que se evitan en el arco propio. La agresión es un impulso inherente a los seres humanos, pero que cuando tiende a la destructividad, es altamente penado; el fútbol regula su uso y le transforma para tener un propósito útil y deseable.

El fútbol es una condensación de distintos aspectos de la vida cotidiana, en él se ponen en juego no sólo un balón y 22 jugadores, sino una amplia gama de comportamientos, conflictos y soluciones que fácilmente sirven como espacio de carga y descarga para aficionados y futbolistas. 

jueves, 5 de diciembre de 2013

Fútbol e identidad


Participación del psicólogo y psicoanalista Alejandro Silva para el canal deportivo en TDN para el segmento "Psicología de la Confederaciones" del programa "Fútbol en Serio". 

La colaboración consistió en la elaboración y presentación de una serie de cápsulas informativas que conectan las "personalidades" de las selecciones nacionales de fútbol participantes en el torneo de la FIFA la Copa Confederaciones 2013 (en este caso de Brasil), con las raíces socioculturales propias de dichas naciones, y los ideales que representan para los espectadores.

Se buscó explicar cómo el carácter propio de cada uno de estos equipos funciona como un puente emocional entre sociedad e individuo, pues a la vez que sus características propias emanan desde la cultura a la que cada selección pertenece, también transmiten algunos rasgos esenciales de su cultura y sociedad, por ejemplo en su tradición y estilo de juego, que tiene un impacto específico en cada uno de los fanáticos y espectadores que los observan jugar fútbol.

Los jugadores y los equipos de fútbol, representan valores e ideales colectivos con los que cada individuo puede conectarse e identificarse, siendo esta una de las bases acerca del por qué este, como muchos otros deportes, despierta las más profundas emociones en las personas. Es decir, que a través de la identificación con los ideales y emociones evocadas en nosotros mismos a través de la "personalidad" de un equipo, o lo que este equipo represente para nosotros, podemos llegar a sentir que al menos en parte, compartimos un poco de identidad, siendo así que los equipos deportivos pasan a formar parte de nosotros, al menos de forma transitoria y temporal.






Espero que encentren atractiva la cápsula ;)

martes, 17 de septiembre de 2013

Identidad Nacional e Individual - ¿Qué es el malinchismo?

El término “malinchismo” suele utilizarse en México para describir a una persona con una marcada preferencia por lo extranjero sobre lo nacional. La palabra tiene su origen de la historia de La Malinche o Malintzin (en náhuatl), una mujer de la clase alta mexica, quien durante su infancia fue cedida como tributo a una comunidad maya de Tabasco. Tras la llegada de Hernán Cortés, le sirvió como traductora pues hablaba maya y náhuatl, además que con el tiempo aprendió castellano. Se dice que fue amante de Cortés y que tuvo un papel importante apoyando a los españoles durante la conquista, razón por la que ha sido catalogada como traidora de su pueblo.

Sin embargo, más allá de la historia del término, lo fundamental del “malinchismo” es la creencia de que algo es mejor por el simple hecho de ser extranjero. Esta creencia puede entenderse de dos maneras: la primera es la sobrevaloración de lo extranjero, y la segunda es el menosprecio por lo nacional. Digamos que son las dos caras de la misma moneda.

Es importante hacer la aclaración para poder distinguir entre lo que es “malinchismo” y lo que puede ser crítica hacia algo nacional, o admiración por algo extranjero. Si admiramos la puntualidad característica del transporte en Inglaterra, no somos malinchistas. Tampoco lo somos si criticamos la desorganización con la que funcionan algunas Instituciones nacionales. Malinchismo sería afirmar, más allá de toda duda, que lo mexicano es desorganizado (malo) por ser mexicano y lo inglés es puntual (bueno) por ser inglés. 

En el malinchismo, la preferencia por lo de fuera sobre lo interno se refiere a productos, actitudes y características de los países, es decir que tiene que ver con la identidad nacional. Sin embargo, quizá podamos entender un poco mejor el fenómeno si lo trasladamos a un contexto más limitado como puede ser la identidad personal, es decir a los productos (acciones), actitudes y características de una persona.

En el ámbito individual entenderíamos por “malinchista” a aquel que devalúa sus propias características  logros, esfuerzos, etc., por el simple hecho de ser suyos. Existen personas que por diferentes motivos, tienen una gran dificultad para reconocer sus éxitos, o tienden a juzgar estos logros como poco merecidos o insuficientes. 

En general son personas inseguras y dependientes, puesto que necesitan de la constante aprobación externa para sentirse reconocidas. En este caso encontraríamos a personas con tendencias depresivas, es decir propensas a sentirse tristes, frustradas, con una baja autoestima, con dificultades para encontrar placer en las actividades, etc. 

Otra cara del “malinchismo” en el plano individual, sería el presentado por aquellas personas que sufren de una envidia crónica, es decir que tienen el constante deseo de ser o tener lo que otros son o tienen por considerarlo mejor que lo que ellos mismos poseen como características. 

En este caso hallaríamos personas con características más narcisistas, es decir dificultad para tener empatía por los demás, con la sensación de un vacío interno que hace voltear hacia lo externo para buscar y conseguir cosas que aporten valor y tapen el vacío y minusvalía sentidos (por ejemplo dinero, apariencia, poder, etc.). 

El problema con este tipo de personas es que no construyen algo propio, sino que buscan quitarlo a los demás pasando por encima de ellos. No reconocen el esfuerzo que requieren las cosas, sino sólo el resultado, por lo que buscan los caminos más cortos para alcanzar lo que quieren sin considerar a otros. Lo único que les interesa es tapar y compensar su sensación de vacío.

Tampoco el primer grupo de personas (con tendencias depresivas) construyen algo propio, sino que suelen esperar que alguien más  haga las cosas por ellos, se ponen en manos de otros y esperan que sean los demás quienes les rescaten o resuelvan sus problemas. 

En ambos casos, el cambio sólo podría llegar a través de preguntarse y atreverse a afrontar los conflictos que se tienen, es decir haciéndose responsables por lo que cada uno de ellos, como personas, hacen, deciden, piensan o sienten. Sólo tomando esa responsabilidad puede dejar de evadirse, sólo así se puede dejar de culpar o envidiar a los demás por nuestro propio estado.

Analizando algunas características psicológicas de las personas que suelen valorar más lo ajeno por encima de lo propio, quizá podemos entender algunos de los conflictos que como nación tenemos. 

Entender así el “malinchismo” sería una forma de entender la baja autoestima de una nación como lo es México; si en verdad somos “malinchistas” quizá tenemos un problema de envidia y depresión como país que debemos resolver, y no será copiando o robando lo extranjero, ni devaluando nuestras capacidades e identidad, en espera de que alguien más resuelva nuestros pendientes que podremos avanzar, sino haciéndonos responsables por lo que nos sucede, aprendiendo de otros que están mejor, pero considerando los esfuerzos por ellos invertidos para obtener esos resultados.

Una versión breve del artículo fue publicada en el Portal salud180.com

jueves, 22 de noviembre de 2012

Estructura Histérica: Identificación, deseo y goce.



El caso de Dora es uno de los trabajos psicoanalíticos más famosos de Freud. En su momento fue pensado por su autor como una muestra del trabajo que realizaba con los sueños de sus pacientes, otra de sus intenciones a nivel teórico fue la de sustentar la etiología de la neurosis histérica sustituyendo la previa teoría de la seducción, por la del deseo Edípico reprimido y causante de síntomas.


El caso ha dado pie a muy diversas discusiones e investigaciones por parte de psicoanalistas de todas las épocas y posicionamientos teóricos. Se discute tanto el material contenido en el escrito de Freud, como el ausente; se ha buscado comprender el caso de modos diversos al que Freud eligió, se han propuesto distintos diagnósticos basados en la información y suposiciones hechas a partir del caso, se han hecho debates en torno a la técnica usada por Freud de principios de Siglo XX. 

Dora fue vista, tratada y descrita como histérica por Freud a partir de la sintomatología conversiva, y el conflicto Edípico observado por él. Mi intención en el trabajo es orientar y fundamentar el diagnóstico histérico por la estructura, más que por la sintomatología, tomando como bases algunas de las ideas que la escuela francesa, representada por Jaques Lacan, ha hecho al respecto.

En primer lugar es importante hacer algunas anotaciones respecto al punto de partida teórico de Lacan, pues influyen en el desarrollo de su perspectiva metapsicológica, y por lo tanto en su apreciación del caso de Dora. Lacan recupera las enseñanzas de Freud y lo reinterpreta a partir de introducir la estructura del lenguaje en su entendimiento del inconsciente; para este psicoanalista el inconsciente está estructurado como lenguaje.

Lacan justifica su proceder al analizar los mecanismos de condensación y desplazamiento descritos por Freud en “La Interpretación de los Sueños”, encuentra en ellos la analogía entre el funcionamiento de los procesos inconscientes y algunos aspectos estructurales del lenguaje (metáfora y metonimia por ejemplo). Las consecuencias de esta forma de comprender los contenidos inconscientes llevan a remitir el inconsciente a la estructura del lenguaje. El acto mismo del lenguaje hace surgir el inconsciente, y es el lugar donde se expresa. 

Al igual que Freud, el trabajo teórico de Lacan en torno a la histeria se actualizó de acuerdo al momento de desarrollo de sus respectivos trabajos clínicos y metapsicológicos. Así, mientras muy temprano en sus investigaciones, Freud encuentra con la “conversión” la primera explicación defensiva de la histeria (proceso por el cual la magnitud de estímulo de la representación  intolerable resulta transformada en excitación somática), Lacan describe la histeria como un discurso, es decir como una forma lenguaje estructurado. 

Si Freud incorporó a su tesis de la histeria las nociones de trauma, fantasía, pulsión, complejo de Edipo y de castración, Lacan complementó la suya de la estructura del discurso histérico con la modalidad del deseo, la subjetividad, la identificación viril, y el papel del goce. Lo que distingue los trabajos de ambos psicoanalistas es el punto de partida para explicar la formación de los síntomas.


A continuación se desarrollan algunas de las ideas que sostienen la tesis lacaniana en torno a la histeria de Dora. Por ejemplo, el componente homosexual de Dora, señalado por Freud en su revisión del caso, es retomado por Lacan e introducido en su planteamiento acerca de la histeria en general como una “identificación viril”. Dicha identificación se hace necesaria puesto que a nivel simbólico, no hay un significante de la mujer con el que Dora pueda identificarse. 


Este concepto requiere de mayor explicación, pues tiene su raíz en el complejo de Edipo, donde la madre fálica en diada con el bebé es castrada, quedando en falta. Este es el papel que tiene la función paterna en el Edipo, da a un tercero la posesión del falo como objeto deseado, priva al bebé y castra a la madre. No renunciar a la madre fálica desemboca en una estructura perversa, pero la aceptación de dicha castración (la propia y la materna) lleva a la neurosis, ya sea en su modalidad histérica u obsesiva. 

Tras el Edipo, la histeria representa una posición de no tener, más asociada a lo femenino, mientras la estructura obsesiva representa la posición (masculina) del tener. Lo anterior se da puesto que el primer objeto de identificación (imaginaria) madre, es castrado, no tiene falo.  El obsesivo ¨voltea¨ hacia el padre, poseedor del falo, para identificarse simbólicamente con él y poseer el falo. La histérica, junto con lo femenino, queda sin un significante. Esto dificulta la identificación simbólica con la madre castrada. 

Sin embargo en la histeria, la falta de un significante (simbólico) como tal femenino es compensada con una identificación imaginaria con el hombre. La histérica, como es el caso de Dora, se identifica con los hombres a su alrededor como medio para acceder al falo, cuando menos en el plano imaginario al ser-como-el-padre-fálico. El amor al padre se sostiene en un deseo fálico, pues es lo que de él busca obtener. 

En este sentido, desde niña Dora se había inclinado más por una identificación con el padre, posteriormente el Señor K sustituye a este como su imagen de identificación. Colocándose desde la mirada del otro-varón, como en el Edipo negativo, Dora se identifica con el deseo del Señor K, ella también está encantada con la Señora K y la desea. Así es como intenta responder la pregunta sobre qué es ser una mujer, deseando a otra mujer. Su elección de objeto es homosexual  en este sentido. 

La raíz conflictiva del componente homosexual en la histeria, no tiene que ver con la elección de objeto, sino con la identificación. Es la imposibilidad de Dora (o de las histéricas), para identificarse con lo femenino, lo que desencadena sus idas y vueltas en el camino del deseo, buscan tener lo femenino en vez de serlo, es decir que se identifican con el supuesto padre fálico y desde esa posición buscan encontrar la feminidad. La histérica de Lacan se reconoce porque con su neurosis persigue la pregunta sobre ¿qué es ser mujer?, pero la aborda desde una postura de tener, y mientras no renuncie a tener lo femenino para encarnarlo y serlo, su búsqueda no cesa.

Dora, identificada virilmente con el Señor K, buscaba el significante de la mujer, para ella representada por la Señora K, quien de este modo ocupa el lugar del tercero, buscando aprehender el símbolo de esta. Además, el cambio del padre por el Señor K es favorecido tanto por la edad, (la imago del padre encaja bien con el Señor K en tanto que es mayor que ella), pero principalmente por la impotencia del padre. Dora reintroduce a la estructura a un hombre potente y fálico.

Otra característica estructural de la histeria tiene que ver con el deseo, el cual también se estructura a partir del complejo de Edipo. El deseo difiere de la demanda porque no busca un objeto para la satisfacción, sino apunta a otro deseo, es decir que es deseo del deseo y por lo tanto es imposible de satisfacer. 

En la histeria el deseo es el deseo del Otro; su insatisfacción tiene dos caras. Por un lado, al colocarse como el deseo del Otro, siempre es insatisfecho ya que lo que busca es el deseo, es decir la falta del Otro, no al Otro. En forma inversa, la histérica desea desear al Otro, recordemos que no busca al objeto, sino al deseo como algo vivo, por tanto se obtiene el mismo desenlace de insatisfacción. Esta configuración es Edípica pues es la Ley paterna la que prohíbe los objetos primarios, representados por el deseo de la madre, y expulsa el falo fuera del alcance del sujeto.

Como se dijo antes, en el caso de Dora el componente homosexual (identificación viril) se observa como medio para acceder a su verdadero objeto de deseo, la Señora K. Complementando esta afirmación con la estructura del deseo histérico, se entiende que la Señora K es el objeto de deseo porque es ella quien encarna para Dora al objeto de deseo del padre (Otro).

La Señora K tiene lo que Dora quiere tener, posee  ese algo que pone en marcha y sostiene el deseo de su padre (el Otro para Dora). También sostiene el deseo del Señor K, sustituto del padre con quien Dora se identifica. Una de las razones por las que Dora da la cachetada al Señor K en el lago, es por sus palabras “mi esposa no significa nada”, ya que con ellas quita a la Señora K de la posición en que Dora la había puesto. 

Si para el Señor K su esposa es nada, la joven pierde la posibilidad de acceder al padre a través de tener lo que ella, es decir de lo que Dora atribuía a la Señora K y que tanto deseaba el padre. La identificación viril de Dora con el Señor K ya no tiene utilidad pues él mismo le dice que no hay algo en su esposa que él desee. Es entonces que la joven se percata de ser un objeto de intercambio: es otorgada por su padre a cambio de mantener la relación con la Señora K.

Finalmente, en cuanto al goce, las histéricas buscan descubrir y evidenciar la falta en todos los otros, espejos de identificación de ellas mismas, colocándose en el lugar del deseo de los demás, demostrando a los otros lo incapaces que son de satisfacerlas, lo incompletos que todos están: ellas que quedan insatisfechas en tanto buscan la satisfacción absoluta, como sus objetos que no las pueden completar. En esto consiste el goce de la histérica. 

martes, 30 de octubre de 2012

Estadio del Espejo y Complejo de Edipo según Jaques Lacan



Jaques Lacan. Psicoanalista francés.
Uno de los planteamientos fundamentales de esta teoría es el papel del falo como significante de la falta y por lo tanto como motor del deseo. Para comprender este punto de vista es relevante explicar el papel que el complejo de Edipo tiene desde esta perspectiva estructural, pues el paso por dicho complejo, es lo que determina la estructura del Sujeto, siendo la histeria, uno de los cuatro posibles desenlaces.

De acuerdo con la lógica de esta teoría, el complejo de Edipo inicia en el umbral del estadio del espejo, momento particular en el desarrollo psíquico del niño en relación a su identificación y, al mismo tiempo, alienación con su madre. En esta experiencia de identificación, el niño conquista la imagen de su propio cuerpo, dando lugar a la estructuración de su Yo (Je). Previo a este logro, el niño vive bajo una fantasía de cuerpo fragmentado donde no hay una experiencia de totalidad unificada, sino de algo disperso. 

El estadio del espejo se organiza en distintos tiempos. Inicialmente existe una confusión entre uno mismo y el otro, se evidencia el vínculo del niño con lo que Lacan llama el registro imaginario, el niño que golpea, dice que lo han golpeado, se vive y se localiza en el otro. El segundo momento se da cuando el niño es capaz de descubrir que el otro del espejo no es un ser real, sino una imagen, es decir sabe distinguir la imagen del otro de la realidad del otro. En el tercer momento el niño se re-conoce a través de esa imagen, es decir que reúne en una totalidad unificada la representación del cuerpo propio, su Yo (Moi).

A estas alturas del desarrollo, la conquista de identidad se da a nivel del registro imaginario, lo que se refiere a que la formación de su Yo (Je) se da a partir de la observación de su imagen en el otro especular Yo (Moi), es esto lo que paradójicamente favorece su propia alienación y desconocimiento, pues se ve en otro.

El Edipo tiene igualmente tres tiempos, cada uno es definido por la posición que el niño adopta respecto al falo, significante que se corresponde con el concepto de la falta. Esta noción va más allá de la realidad anatómica de la diferencia de los sexos, es decir que aunque se ancla en la percepción visual (imaginaria) de esta ausencia, precede a ella. El niño persiste en concebir como faltante algo que él imagina que debería estar ahí, mas no se trata de una falta genital, sino del falo como objeto en sí mismo inexistente, como falta constitucional. 

Como queda claro, la diferencia anatómica de los sexos es un problema a nivel de la identificación en el registro imaginario, pero es el papel del falo lo que desencadena el complejo de Edipo. Inicialmente el niño se coloca como siendo el falo de la madre, se vive como el objeto del deseo de la madre, colmando todo deseo posible de ella quien en consecuencia no tiene falta. Su deseo es ser el deseo de la madre.

Un segundo momento se da cuando “ser el falo” no es sostenible gracias a la función paterna. Más que la presencia de un padre de carne y hueso, la función paterna instaura la Ley del no incesto, priva al niño de la madre, y castra a la madre del niño-falo. La Ley paterna implica que la madre desea más allá de su hijo, lo que el bebé entiende con ello es que ni él ni su madre son el falo y que ambos se encuentran sujetados a otro orden. Este es el orden del registro simbólico, donde existe un tercero que rompe con la díada. Esto es el complejo de castración según Lacan.

Finalmente, la declinación del Edipo se da por la simbolización de la Ley. En este tercer tiempo, el padre no sólo es quien castra al niño y a la madre, sino quien tiene el falo, es poseedor del objeto deseado por la madre. La función estructurante que este tiempo del Edipo tiene para el niño consiste en la localización exacta del deseo de la madre, ya que tanto ella como él, están desprovistos del falo; el padre deja de ser quien priva, y al ser el supuesto depositario del falo, lo restablece en el lugar del deseo de la madre. El niño, como su madre, desprovistos de falo, pueden desearlo allí donde se encuentra. El falo deja de ser algo que se es, se simboliza como algo que un tercero tiene y se desea tener, la simbolización de la Ley implica la represión originaria (no incesto) y la subsecuente sustitución/simbolización de objetos.



lunes, 17 de septiembre de 2012

¿Cómo nos define ser mexicanos?


Por Psic. Alejandro Silva

Es frecuente que incluyamos la nacionalidad dentro de nuestra descripción y seguramente si nos presentáramos ante un grupo internacional, decir “soy mexicano” sería de los primeros elementos de nuestra introducción. Pero, ¿qué dice de nosotros el ser mexicanos?, ¿cómo influye nuestra nacionalidad en nuestra identidad y visión del mundo?

Usualmente las personas no piensan mucho acerca de cómo influye en su personalidad el ser de una determinada nacionalidad, lo hacemos hasta que notamos contrastes con personas extranjeras o nosotros mismos nos encontramos en otro país. Sin embargo el país y la cultura en la que nacemos,  resultan fundamentales en nuestra identidad pues se vuelven el terreno que da las condiciones para nuestro  desarrollo. 

Así como los vinos y sus características de olor, sabor y color dependen de la región y el terreno dónde se plantan las uvas, la nacionalidad define muchas de nuestras características.

Ser mexicano es uno de los aspectos más importantes en la identidad de más de 100 millones de habitantes del planeta. Suele decirse, de los latinoamericanos en general, que somos personas “cálidas”, es decir que tendemos a ser afectuosos y expresivos. Esta es una de las principales características de los mexicanos que filtran y definen la forma en que vemos el mundo, hay un predominio de las emociones y los vínculos por encima de las razones o realidades externas. 

Una de las particularidades de los mexicanos es que tendemos a ser muy apegados a las familias, y a hacer redes de apoyo con la comunidad que nos rodea. Estas son características comunes en sociedades donde hay dificultades económicas, pues el apego al núcleo familiar o comunitario facilita muchas condiciones para la supervivencia. Dentro de entornos económicamente inestables, es más conveniente mantener vínculos y relaciones  que brinden la estabilidad que no se encentra fuera del núcleo.

La tradición del día de muertos es un buen ejemplo de la importancia de los vínculos, por encima de la realidad externa. Muchos extranjeros se sorprenden de que en México se celebre la muerte, pues como hecho real es algo definitivo, temido e irremediable; se considera poco grato tratar con asuntos relacionados a la muerte, y es casi impensable celebrarla. 

En México el festejo celebra el vínculo que se tiene con los muertos, ese día regresan a la vida y disfrutan de los placeres terrenales, es posible celebrar la muerte porque se puede conservar viva la relación con los que ya no están. Si no predominara en nuestra visión la importancia de las relaciones, por encima de los hechos externos, la muerte no tendría una celebración.

En lo más cotidiano, los mexicanos nos motivamos más cuando en el trabajo tenemos un buen ambiente de trabajo, los salarios, prestaciones y prestigio son menos importantes que una buena relación con nuestro jefe o compañeros. En general, los mexicanos preferimos sentirnos queridos por los demás, en contraste con otras culturas donde el éxito individual es más valorado. El sueño americano de triunfar a partir del sudor propio, es distinto de las empresas familiares que se hacen en México, donde predomina la importancia de las relaciones interpersonales.

Por supuesto que cada quien desarrolla y vive de forma particular su identidad como mexicano, y hay muchos más aspectos en nuestra cultura que favorecen ciertos tipos de comportamiento por encima de otros, pero vale la pena considerar el apego y la importancia de las emociones como parte importante de la identidad del mexicano para entender cómo estos pueden incidir en nosotros mismos.

lunes, 13 de agosto de 2012

La Identidad: Reflexiones sobre su formación. Parte 1


¿Qué es y cómo se forma la identidad?

Pablo Picasso
El concepto de identidad puede abordarse desde varios puntos de vista como el social, el psicológico, el filosófico o el metafísico. En este caso, el énfasis se hará desde un punto de vista psicológico con una orientación psicoanalítica, para iniciar, una definición amplia de identidad: es la experiencia subjetiva de continuidad interna en el cambio.

Erik Erickson usó el término “identidad del yo” para referirse a la igualdad persistente con uno mismo  (igualdad del sí mismo), y como un compartir constantemente algún tipo de carácter esencial con otros. Este autor señaló que la formación de la identidad es un proceso que se desarrolla durante toda la vida, es decir evoluciona junto con nosotros. Aun así, las raíces de la formación de nuestra identidad se remontan a la más temprana infancia, cuando el bebé aprende a diferenciarse de su mamá y el mundo que le rodea, y se consolida durante el periodo de la adolescencia.

La adolescencia implica muchos cambios prácticamente a todos niveles, fisiológicos, emocionales, sociales, etc. En cuanto a la identidad, el adolescente intenta integrar lo que sabía de sí mismo y de su mundo como niño, en un continuo de conocimientos pasados, experiencias presentes y metas futuras. De tener éxito en la consolidación de su identidad, logra elaborar un sentido cohesivo de sensación personal que le permite orientarse en la vida; el fracaso en esta tarea da lugar a una interpretación caótica y confusa de su personalidad y de su entorno.

Otra psicoanalista, Phyllis Greenacre, señaló que el sentido de identidad siempre implica algún tipo de relación con otros, puesto que incluye la comparación y el contraste con los demás, es decir, conocer y asimilar las diferencias y similitudes con aquellos que nos rodean. También hizo énfasis en los aspectos corporales de la identidad; planteó un continuo de desarrollo de la identidad a partir de 1) la imagen corporal que el niño adquiere, 2) la imagen de sí mismo que ya incluye atributos como sexo, género, expectativas, y termina en 3) el desarrollo de la identidad.

Donald Winnicott, un importante psicoanalista de niños nacido en Inglaterra, destacó la importancia de la autenticidad como factor integral de la identidad. Él estudió la conducta y desenlace de bebés en interacción con sus madres y descubrió que un factor fundamental para el buen desarrollo de la identidad, es la capacidad de la madre (o quien funge como tal) para interpretar adecuadamente las necesidades y expresiones del bebé.

Básicamente Winnicott refiere que las expresiones como gestos, llanto, movimientos, jadeos, balbuceos, etc., del bebé, son expresiones naturales y por ello son manifestaciones auténticas del infante. Si la madre logra ser empática con estas expresiones, es decir descifrar la intención de ellas y proveer al bebé del apoyo necesario para satisfacerlo adecuadamente, el bebé poco a poco desarrolla confianza tanto en sus deseos de expresión, como en el medio en que se desarrolla, a final de cuentas la madre facilita que el bebé conecte lo que siente en su cuerpo como impulso auténtico, y lo que piensa o siente en su mente, facilitando el camino para una integración del si mismo, tanto corporalmente, como psicológicamente.

Si en cambio, la madre interpreta las necesidades del bebé basándose en sus propios miedos, expectativas o necesidades, el bebé pierde la oportunidad de enlazar sus expresiones auténticas, con sus deseos propios, y en cambio se “somete” a los de la madre. 

Por ejemplo, una madre que se angustia por el llanto de su bebé y siempre le da un chupón o pecho para calmarlo, limita de esa forma la libre expresión de los deseos del niño, quien siempre recibe alimento ante toda expresión de disgusto. De esta forma el bebé no logra comprender y conectar lo que le sucede internamente, pues no tiene la madurez, ni el sostén externo para lograrlo; así se genera en el bebé lo que Winnicott llamó un “falso sí mismo”, que implica una incapacidad para observarse a sí mismo y reconocer y/o distinguir entre sus necesidades, afectos y deseos de aquellos de los demás.


Bibliografía.

Salman Akhtar, M.D. “Identidad y Difusión de la Identidad” en GRADIVA, Revista de la Sociedad Psicoanalítica de México, Número 2, Volumen IV.