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Mtro. Alejandro Silva Antúnez

Psicólogo y Psicoanalista

(Cédula 08720770)

Atención psicológica para adultos, adolescentes y niños.

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Celular: (04455) 1361 4577 (preferente)

Consultorio: (55) 6647 5665 (recados)

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Lunes a Viernes de 8AM a 9PM

Sábado de 8AM a 2PM

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domingo, 8 de marzo de 2015

Dolor emocional: ¿Por qué nos duele el rechazo?

¿Qué es el dolor emocional?

El dolor emocional se refiere al displacer que experimentamos internamente ante eventos que lastiman nuestra propia imagen, nuestra autoestima o que nos provocan sentimientos desagradables como el desamor, la decepción, el rechazo o similares.

El dolor físico que nos provoca un golpe o una enfermedad orgánica puede ser fácilmente ubicado en alguna parte de nuestro cuerpo, por ejemplo la piel o el intestino. Por otro lado, el dolor emocional carece de una ubicación específica en nuestro cuerpo, esta característica de ninguna manera lo hace menos real o intenso, de hecho nuestro sistema nervioso (específicamente la corteza cingular anterior de nuestro cerebro), registra el dolor de las emociones del mismo modo que lo haría con el dolor físico.

Metafóricamente se localiza al dolor emocional en un corazón roto, o en la forma de un nudo que se enrosca en la garganta. Incluso se le confunde con otras sensaciones físicas cuando no sabemos identificar nuestras emociones.

Que el dolor emocional carezca de una ubicación precisa y concreta en nuestro organismo se debe a que surge a través de la interacción que tenemos con nuestro entorno, de la convivencia con otras personas, seres y objetos en los que vertimos nuestros afectos, de expectativas, deseos y temores que construimos para invertir nuestras emociones.

El mundo exterior, la sociedad, la cultura, etc., se convierten en los proveedores y acreedores de nuestras emociones, y es cuando el flujo libre de estas se ve interrumpido por algún motivo que sentimos dolor emocional.

Hay algunos tipos experiencias que generan un dolor emocional, sin duda el rechazo es una de estas y genera en nosotros infinidad de emociones y sensaciones desagradables. Existen muchas razones por las que el rechazo no suele.

En el contexto del que estamos hablando, el rechazo se refiere a la no aceptación de un rasgo particular o a la entidad completa de nuestra identidad. La identidad es el resultado que unifica el inmenso conjunto de factores que nos hacen ser quienes somos hoy en día, a través de nuestro desarrollo vamos adquiriendo la capacidad de querer a otros y a nosotros mismos gracias a la interacción que tenemos con ellos.

En la medida en la que somos queridos, por ejemplo por nuestros padres, adquirimos la capacidad de querernos a nosotros mismos, es decir de tener cariño y cuidado por lo que somos. Esta capacidad ayuda y garantiza que podamos continuar nuestro desarrollo y que nos sintamos competentes, capaces de amar a otros y merecedores del amor de otros.

Cuando somos rechazados sentimos en riesgo nuestra confianza y nuestra aptitud de ser merecedores de amor. El rechazo corta el intercambio, previamente armonioso, de afecto entre el exterior y nosotros mismos, más aún, cuando la vivencia de rechazo es grave corta inclusive el afecto que podemos sentir por nosotros mismos y nuestra identidad, llegando a casos en los que buscamos ser otra persona o cambiar, no por convicción, sino con el objetivo de recuperar el equilibrio de cariño previamente perdido.

Uno podría preguntarse de parte de quién duele más el rechazo, una pregunta difícil de contestar por lo únicas que resultan ser las experiencias y las historias de cada uno de nosotros, sin embargo podemos tratar de dar una respuesta general y tomando en cuenta algunos contextos, por ejemplo, en términos de desarrollo el rechazo más doloroso que podemos experimentar es el de nuestros padres o cuidadores.

Una madre cuida y ama a su hijo simplemente porque es su hijo, sólo en el plano emocional dicho intercambio es parejo, pues la mamá disfruta tanto como su bebé la interacción que tienen, aunque claramente sólo el primero depende de la madre para su supervivencia.

Con nuestros cuidadores desarrollamos o no la convicción de ser aceptados y amados incondicionalmente por el sólo hecho de ser nosotros mismos, es la carga inicial de aceptación con la que partimos rumbo al resto de nuestro desarrollo. Más adelante se espera que tengamos ciertas conductas, actitudes u otras cosas para ser aceptados y queridos, por ejemplo ser amables, tener buenas notas, ser inteligentes o chistosos, etc.

rechazo social

A todos los intercambios futuros que tenemos en nuestras interacciones afectivas con otros, subyacen las pautas de relación adquiridas con nuestros padres, incluso en cuanto a la aceptación y cariño que tenemos de nosotros mismos, aprendemos a amarnos como sentimos haber sido amados por otros.

En términos de cercanía afectiva, los rechazos duelen más cuando provienen de las personas que más queremos. La razón de ello es que con quienes somos más cercanos compartimos más de nosotros mismos, sentimos que tienen un entendimiento más profundo de quienes somos y esto se debe a que confiamos más en ellos. Además el intercambio emocional es mayor, yo quiero más a esta persona que al resto y esta persona me quiere más a mí que a los demás, en esa medida es garantía de mí potencial para ser amado y para brindar cariño.

Si sufro un rechazo de alguien muy cercano, es más probable que sienta que rechaza más aspectos de mí puesto que los conoce, o que los aspectos buenos míos no sean suficientes para compensar los que no lo son y causan el rechazo. Dicha persona, por su cercanía, tiene el potencial de cambiar la percepción que tenemos de nosotros.

Sin duda el rechazo genera una de las experiencias más dolorosas en términos emocionales, el rechazo de alguien más hacia nosotros resulta doloroso por sí mismo, máxime cuando esta persona es significativa para nosotros, sin embargo lo más grave es cuando el rechazo proviene de nosotros mismos, como si hubiésemos hecho nuestras las opiniones negativas que otros tienen sobre uno mismo, o no hubiéramos podido cargar suficiente batería para aceptarnos. En estos casos, el dolor emocional que genera el rechazo se experimenta de manera continuada.

sábado, 1 de febrero de 2014

¿Cómo funciona el psicoanálisis?

El tratamiento psicoanalítico funciona esclareciendo cómo los factores mentales y emocionales inconscientes influyen en las relaciones actuales y en los patrones de comportamiento de las personas. 

A través de este tipo de tratamiento se ayuda a rastrear los orígenes históricos de la personalidad y el carácter en la vida de las personas, y permite mostrar cómo han cambiado y evolucionado a través del tiempo; así se ayuda al paciente a lidiar mejor con la realidad de la vida que actualmente lleva.

En el curso del tratamiento psicoanalítico , la naturaleza de la relación que inevitablemente se desarrolla entre psicoanalista y psicoanalizando, tendrá características significativas derivadas del "mundo interno" (mental y emocional) de las personas, mostrando cómo se relacionan con los demás para acoplarse a las distintas demandas de la sociedad. 

Esto hace posible un profundo entendimiento de estos factores inconscientes y permite trabajar en muchos de ellos que llevan a cambios deseables y significativos.

El psicoanálisis es el tratamiento psicológico más profundo en tanto permite rastrear, comprender y entonces modificar los aspectos de fondo en la estructura de personalidad, favoreciendo el mantenimiento a largo plazo de los logros alcanzados durante el tratamiento. 

martes, 17 de septiembre de 2013

Identidad Nacional e Individual - ¿Qué es el malinchismo?

El término “malinchismo” suele utilizarse en México para describir a una persona con una marcada preferencia por lo extranjero sobre lo nacional. La palabra tiene su origen de la historia de La Malinche o Malintzin (en náhuatl), una mujer de la clase alta mexica, quien durante su infancia fue cedida como tributo a una comunidad maya de Tabasco. Tras la llegada de Hernán Cortés, le sirvió como traductora pues hablaba maya y náhuatl, además que con el tiempo aprendió castellano. Se dice que fue amante de Cortés y que tuvo un papel importante apoyando a los españoles durante la conquista, razón por la que ha sido catalogada como traidora de su pueblo.

Sin embargo, más allá de la historia del término, lo fundamental del “malinchismo” es la creencia de que algo es mejor por el simple hecho de ser extranjero. Esta creencia puede entenderse de dos maneras: la primera es la sobrevaloración de lo extranjero, y la segunda es el menosprecio por lo nacional. Digamos que son las dos caras de la misma moneda.

Es importante hacer la aclaración para poder distinguir entre lo que es “malinchismo” y lo que puede ser crítica hacia algo nacional, o admiración por algo extranjero. Si admiramos la puntualidad característica del transporte en Inglaterra, no somos malinchistas. Tampoco lo somos si criticamos la desorganización con la que funcionan algunas Instituciones nacionales. Malinchismo sería afirmar, más allá de toda duda, que lo mexicano es desorganizado (malo) por ser mexicano y lo inglés es puntual (bueno) por ser inglés. 

En el malinchismo, la preferencia por lo de fuera sobre lo interno se refiere a productos, actitudes y características de los países, es decir que tiene que ver con la identidad nacional. Sin embargo, quizá podamos entender un poco mejor el fenómeno si lo trasladamos a un contexto más limitado como puede ser la identidad personal, es decir a los productos (acciones), actitudes y características de una persona.

En el ámbito individual entenderíamos por “malinchista” a aquel que devalúa sus propias características  logros, esfuerzos, etc., por el simple hecho de ser suyos. Existen personas que por diferentes motivos, tienen una gran dificultad para reconocer sus éxitos, o tienden a juzgar estos logros como poco merecidos o insuficientes. 

En general son personas inseguras y dependientes, puesto que necesitan de la constante aprobación externa para sentirse reconocidas. En este caso encontraríamos a personas con tendencias depresivas, es decir propensas a sentirse tristes, frustradas, con una baja autoestima, con dificultades para encontrar placer en las actividades, etc. 

Otra cara del “malinchismo” en el plano individual, sería el presentado por aquellas personas que sufren de una envidia crónica, es decir que tienen el constante deseo de ser o tener lo que otros son o tienen por considerarlo mejor que lo que ellos mismos poseen como características. 

En este caso hallaríamos personas con características más narcisistas, es decir dificultad para tener empatía por los demás, con la sensación de un vacío interno que hace voltear hacia lo externo para buscar y conseguir cosas que aporten valor y tapen el vacío y minusvalía sentidos (por ejemplo dinero, apariencia, poder, etc.). 

El problema con este tipo de personas es que no construyen algo propio, sino que buscan quitarlo a los demás pasando por encima de ellos. No reconocen el esfuerzo que requieren las cosas, sino sólo el resultado, por lo que buscan los caminos más cortos para alcanzar lo que quieren sin considerar a otros. Lo único que les interesa es tapar y compensar su sensación de vacío.

Tampoco el primer grupo de personas (con tendencias depresivas) construyen algo propio, sino que suelen esperar que alguien más  haga las cosas por ellos, se ponen en manos de otros y esperan que sean los demás quienes les rescaten o resuelvan sus problemas. 

En ambos casos, el cambio sólo podría llegar a través de preguntarse y atreverse a afrontar los conflictos que se tienen, es decir haciéndose responsables por lo que cada uno de ellos, como personas, hacen, deciden, piensan o sienten. Sólo tomando esa responsabilidad puede dejar de evadirse, sólo así se puede dejar de culpar o envidiar a los demás por nuestro propio estado.

Analizando algunas características psicológicas de las personas que suelen valorar más lo ajeno por encima de lo propio, quizá podemos entender algunos de los conflictos que como nación tenemos. 

Entender así el “malinchismo” sería una forma de entender la baja autoestima de una nación como lo es México; si en verdad somos “malinchistas” quizá tenemos un problema de envidia y depresión como país que debemos resolver, y no será copiando o robando lo extranjero, ni devaluando nuestras capacidades e identidad, en espera de que alguien más resuelva nuestros pendientes que podremos avanzar, sino haciéndonos responsables por lo que nos sucede, aprendiendo de otros que están mejor, pero considerando los esfuerzos por ellos invertidos para obtener esos resultados.

Una versión breve del artículo fue publicada en el Portal salud180.com

martes, 15 de enero de 2013

¿Cómo pasar la Navidad sin los seres queridos?


La Navidad es una fecha importante dentro de nuestra cultura. La tradición más común es organizar una gran cena y pasar la ocasión con nuestra familia, pero ¿qué sucede cuando no podemos pasar la Navidad con nuestra familia? 

El impacto emocional que esto puede tener en nosotros depende de algunas circunstancias alrededor del hecho de no pasar la Navidad en familia, por ejemplo de las tradiciones familiares, de la relación que existe en ese momento con nuestros familiares, y del motivo de nuestra ausencia.

Sobre la relevancia de la celebración, hay familias que festejan y hacen reuniones constantemente a lo largo del año siendo todas igual de importantes, hay otras que “eligen” otras celebraciones como las más importantes del año (cumpleaños de la abuela, fiestas patrias, día de muertos, etc.), y hay algunas para las que la Navidad es la ocasión más especial del año. 

Así que cuando en nuestra familia hay grandes expectativas sobre pasar juntos la navidad, lo más probable es que nosotros mismos tengamos altas expectativas ligadas a esta fecha. Finalmente somos miembros del mismo grupo y compartimos más o menos las mismas tradiciones, y a mayor expectativa, mayor decepción en caso de no poder estar con los nuestros. 

Incluso hay familias en que la presión por reunirse en navidad se vuelve una exigencia (e incluso crítica) por que estemos presentes.

Adicionalmente, la causa de nuestra ausencia en esta celebración tiene un papel importante en nuestros sentimientos, ya sea, por ejemplo, por motivos de trabajo, de pareja o económicos, el principal detalle recae en si es nuestra decisión o nos sentimos obligados a causa de una presión externa a no estar presentes. Si la decisión recae en nosotros, tenemos el alivio de sentir que es una elección libre, pero el conflicto surge si la decisión no es nuestra, sino estamos “obligados” por las circunstancias externas, en este caso nos frustramos aún más.

Quizá el motivo más conflictivo tiene que ver con la negociación en pareja sobre la forma de pasar Navidad. En el mejor de los casos ambas familias se consideran como la propia, así que cenar con unos o con otros es igualmente disfrutable. Otro escenario positivo es cuando hay acuerdos más o menos satisfactorios entre la pareja y pasan una fecha con la familia de uno y otra con la familia del otro (Navidad y Año Nuevo), o cambian cada año el lugar del festejo.

Sin embargo, en los casos en que no hay acuerdos, o peor aún, en los que no hay una buena relación con la familia política, surgen conflictos emocionales importantes. Estos conflictos rebasan la decisión sobre la Navidad y suelen “destapar” problemas más profundos en la relación de pareja que son importantes de atender a tiempo. 

Otro factor que determina nuestro sentir cuando no podemos pasar la Navidad con nuestra familia es la relación y la situación familiar que existe en un momento dado. Si la relación es buena y, por ejemplo, y se une con la ausencia de un ser querido fallecido recientemente, la situación se torna muy dura. Las reuniones familiares suelen tener mayor importancia en circunstancias como estas porque sirven para apoyarse unos a otros y mantener la cohesión como grupo familiar. Por el contrario, si no tenemos una buena relación con la familia, el no pasar la Navidad con ellos puede provocar  incluso un sentimiento de  alivio.

Frecuentemente, el hecho de no pasar la Navidad con la familia se convierte en un reto que puede generar un sentimiento de frustración, pero identificar la forma en que lo manejamos es muy importante porque habla de la manera en que afrontamos otros retos y frustraciones, grandes y pequeños que se presentan en la vida. 

Cada quien responderá a la pregunta ¿qué pasa cuando no podemos pasar la Navidad con nuestra familia? de acuerdo sus circunstancias externas, pero también a su personalidad. Podemos aprovechar la ocasión para reflexionar si tendemos a culpar a los demás por nuestras dificultades, si la frustración saca lo peor de nosotros y reaccionamos de forma agresiva, o si la tristeza ciertamente “normal” de la situación se vuelve una bola de nieve que termina por deprimirnos.

martes, 7 de agosto de 2012

¿Por qué los ataques de euforia?

Para ir al original, hag click aquí.
Extracto de Yahoo! Respuestas a la siguiente pregunta:

¿Por qué los ataques de euforia?

Alguien sabe ¿por qué se suscitan los ataques de euforia?

Yo a veces los tengo, se siente súper bien, siento que todo a mi alrededor tiene movimiento, me siento súper sociable, le hablo a toda la gente, siento mucha creatividad y que puedo poner atención 100% a lo que yo quiera, siento ganas de reírme con toda la gente y puedo ver todas las cosas con mas detalle. 

Puf, se siente súper. En esos momentos le puedo hablar a cualquier chica sin ningún miedo, puedo hacer plática de cualquier cosa que se me venga a la mente sin siquiera bacilar que sea tonto o incongruente y hacer de eso lo más chistoso e interesante que se imaginen. 

La gente inclusive se siente atraída por mí. Grrr se siente súper. Es como la película de Sin Límite; quisiera ser así todos los días, sería la persona mas popular de la escuela, un súper hijo, un súper alumno, sería casi todo perfecto.

Respuesta.

Lo que describes quizá se refiere a episodios hipomaniacos, estos se caracterizan por crestas en el estado de ánimo de una persona durante los cuales se siente capaz de realizar casi cualquier proeza, siente mucha euforia y felicidad casi desproporcionada a su estado normal de ánimo, e incluso puede llegar a caer en excesos como beber, gastar, o comprometerse en asuntos que normalmente no participaría.

Neurológicamente sucede por un desequilibrio en el balance químico del sistema límbico del cerebro. En casos donde resulta necesario, suele tratarse con medicamentos a base de litio que regulan el estado de ánimo, haciéndolo menos volátil.

Psicodinámicamente (como proceso emocional y mental) surge como respuesta a estados de ánimo depresivos que son negados temporalmente. Usualmente el grado de euforia sentido es proporcional al grado de depresión con el que se está intentando lidiar, es decir que a mayor grado de depresión, es mayor la cresta de hipomanía y euforia sentida en respuesta.

La negación de la depresión, ya sea de forma consciente o inconsciente, es el principal motor de dichos estados. La forma de confirmar o descartar el estado hipomaniaco depende de lo cíclico que sea su manifestación, es decir, si aparece de forma intercalada con otros estados como angustia, enojo o tristeza, se puede considerar la presencia de la hipomanía. 

También se descarta si hay una explicación bioquímica que lo explique mejor, ej. Consumo de drogas, cambios hormonales (periodo, adolescencia, menopausia), medicamentos. Lo recomendado si son estados hipomaniacos, es tratamiento psicológico y/o psiquiátrico que ayuden a estabilizar el estado de ánimo, y a resolver el conflicto depresivo subyacente. 


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