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Mtro. Alejandro Silva Antúnez

Psicólogo y Psicoanalista

(Cédula 08720770)

Atención psicológica para adultos, adolescentes y niños.

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Consultorio: (55) 6647 5665 (recados)

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martes, 1 de abril de 2014

Miedo al amor

Suele llamarse "miedo al amor" al sentimiento de rechazo que se tiene hacia la idea y al establecimiento de relaciones de pareja que involucren emociones profundas. Aunque el miedo al amor puede abarcar el rechazo a cualquier tipo de relación profunda, ya sea con amistades o incluso con la familia, el término suele emplearse para referirse a las relaciones de pareja.

Puede parecer difícil de creer que alguien tenga miedo a una emoción tan valorada como es el amor; sin embargo, hay que precisar que a lo que, verdaderamente, temen las personas al involucrarse en una relación amorosa es al surgimiento de emociones y sentimientos intensos que no son fáciles de manejar.

Conforme vamos profundizando nuestras relaciones de pareja, surgen grandes expectativas sobre la otra persona y la relación en sí; se ponen en juego muchos de nuestros temores, de nuestros deseos de ser aceptados y queridos, entre otros.  Y no sólo nosotros nos sentimos así, también en la otra persona comienzan a intensificarse estos sentimientos. Conforme aumenta la cercanía y la confianza, comienzan a surgir expectativas de nuestra pareja hacia nosotros mismos relacionadas con muchos de sus  temores, deseos de aceptación y cariño, etc.

Esta combinación de emociones recíprocas, pueden generar una situación muy intensa emocionalmente que, al mismo tiempo, puede combinarse con una serie de factores que la hacen aún más difícil de manejar e, incluso, tolerar como, por ejemplo:

Experiencias dolorosas. 
Cuando alguien ha tenido una o varias experiencias amorosas dolorosas en el pasado, los sentimientos que quedan tras ellas continúan apareciendo como fantasmas en nuestras nuevas relaciones, haciendo que debamos enfrentar un doble reto: el de resolver los residuos pendientes de nuestro pasado y el afrontar las dificultades de nuestras relaciones actuales o futuras. En estos casos, primero hay que resolver y cerrar los conflictos pasados para liberarnos de ellos y poder involucrarnos nuevamente con alguien.

Inseguridad y necesidad de aceptación. 
Aunque puede resultar paradójico, muchas veces las personas que suelen negarse más rotundamente a establecer relaciones afectivas, son aquellas que más necesidad tienen de ser aceptadas. Esto sucede cuando su necesidad de aceptación y cariño se conjuga con inseguridad respecto a su persona; el resultado es un gran miedo a "abrirse" ante los demás por la certeza interna (a causa de la inseguridad) de que serán rechazados.

Como estas personas piensan y sienten que serán rechazados, deciden no tomar "riesgos" y  evitan relacionarse con otros. Suelen ser susceptibles a la crítica y si no resuelven su conflicto de desconfianza e inseguridad, generalmente terminan estando solas o aceptando relacionarse con parejas que no les satisfacen del todo y en relaciones no siempre sanas con tal de sentirse aceptados.

Miedo a sí mismos. 
En muchas ocasiones la principal resistencia a involucrarse en una relación amorosa proviene del temor a los sentimientos y características personales que surgen al estar con alguien. Emociones como los celos, la sensación de dependencia, la necesidad de control, etc., suelen adquirir mayor intensidad cuando nos vinculamos con una persona. Si no nos sentimos capaces de tolerarlos y resolverlos, estos sentimientos se convierten en problemas.

También en estos casos, el miedo al amor es la consecuencia del temor a emociones que aparecen colateralmente en las relaciones. Estos sentimientos (celos, dependencia, etc.), son los que evitamos sentir en nuestro interior, y si nuestro rechazo hacia éstos es demasiado profundo, muchas veces evitamos ponernos en situaciones que los puedan desencadenar.

Lo importante es comprender que los sentimientos que tenemos al involucrarnos con una persona nos pertenecen a nosotros, y en la medida en que los reconozcamos como propios, podremos entenderlos y controlarlos. Si somos inseguros, enojones, celosos o dependientes, lo seremos con o sin pareja.

La presencia de estos sentimientos dentro de nosotros no son culpa de nuestra pareja sino de conflictos personales que cada quien debe atender y resolver. Y en caso de que sí sean provocados por nuestras relaciones o parejas, entonces debemos preguntarnos si queremos mantener esa relación o si podemos hacer algo para resolverlos.

Asimismo, es sabido que aquellas personas que son más importantes y significativas para nosotros, son también aquellas que más podrían lastimarnos con alguna palabra o actitud específica; no obstante, evitar tener personas y relaciones significativas por evitar salir lastimados también nos quita la oportunidad de amar y ser amados, de disfrutar la cercanía y confianza con alguien que queremos y la ocasión de despertar en nosotros mismos las emociones más ricas y bondadosas que tenemos.

sábado, 1 de marzo de 2014

¿Qué expresa el concepto de sexualidad para Freud?

Por supuesto que el concepto de sexualidad abarca un sinfín de acepciones y puede abordarse desde muy diversos puntos de vista, sea desde la  biología, la sociología, antropología, etc.  Inclusive dentro del campo de conocimiento del psicoanálisis, acerca de la sexualidad tendrá cada corriente psicoanalítica tiene mucho que decir y aportar, pero a continuación busco 1) especificar qué es la sexualidad en psicoanálisis siguiendo a Freud, 2) presentar algunas de las evoluciones del término en la obra de Freud.

Hay que entender que el psicoanálisis desarrollado originalmente por Freud ha sido desde entonces complementado, corregido y aumentado, iniciando por las revisiones que Freud mismo hizo a su obra a lo largo de su vida. El pansexualismo atribuido al psicoanálisis existe, pero entendiendo la sutileza, complejidad y desarrollo del concepto bajo la perspectiva psicoanalítica, no bajo la perspectiva biológica o social, ni ninguna otra.



La sexualidad inició su camino psicoanalítico muy al inicio de las tesis de Freud sobre la histeria, incluso previo a 1900 y "La Interpretación de los Sueños", descubrió un vínculo entre sexualidad y la formación de síntomas conversivos de dichas pacientes histéricas (en su mayoría eran mujeres). 

Inicialmente Freud sostenía que a partir de experiencias sexuales reales de las pacientes, se reprimía el recuerdo (pensamiento) del evento, pero el afecto ligado a dichas experiencias se mantenía. 

Como dicho afecto ya no estaba ligado a la idea de la experiencia sexual reprimida, quedaba "libremente flotante" y era transformado en angustia. Este afecto sin ligadura originaba los síntomas  histéricos, ya fuese en forma de fobia, conversión o angustia simple.

Para Freud los síntomas de la histérica representaban, poniendo en acción (conversión), o desplazando en otras cosas (fobia), la experiencia sexual reprimida, por ejemplo  véase el Caso Dora.

Más adelante Freud descubrió que no sólo los síntomas de las histerias  seguían este camino, también las obsesiones y algunos otros síntomas (neurosis) tenían un origen en experiencias sexuales reprimidas. Inclusive llegó a pensar que el abuso sexual a menores era mucho más extendido en la sociedad de lo que se reconocía públicamente. 

Luego entendió que no era necesaria una experiencia sexual real para generar la histeria en cualquiera de sus formas, o para provocar los más extremos síntomas obsesivos, sino que la fantasía tenía el mismo efecto emocional y psíquico para lo inconsciente que una experiencia real,  es decir que bastaba el deseo y fantasía sexual Edípica para formar los síntomas neuróticos, y que de hecho las neurosis, con todos sus síntomas y el sufrimiento que conlleven, defendían al paciente de hacer conscientes dichos deseos, por ejemplo véase el Caso Juanito.

Es hacia este momento que la sexualidad cobra la importancia y universalidad que tiene en el psicoanálisis. Adquiere el estatuto de un impulso original básico cuya meta es la búsqueda de placer, la descarga de energía psíquica sobre un objeto (Otro) con el cual se establece un vínculo. Se describe el Complejo de Edipo, basándose en esta nueva conceptualización de sexualidad, por ejemplo véase el Complejo de Edipo.

Ya no se trata mas de la sexualidad como comúnmente se le entendía, asociada a los genitales o al coito, tampoco se limita a una realidad concreta, se conceptualiza como un deseo de unión, de vínculo; una energía.  Así la sexualidad se transforma en la piedra angular del psicoanálisis, fuente y sinónimo de la pulsión de vida, motor del psiquismo de los sujetos. 

Más adelante en la obra de Freud este describe cómo la sexualidad, ahora entendida como una fuerza en búsqueda de vínculos, también determina distintos modos de relación del sujeto con su medio y sus objetos a lo largo del desarrollo psíquico y sexual. La forma de vinculación dominante en determinado punto del desarrollo depende de la etapa psicosexual correspondiente. Freud describe las etapas psicosexuales Oral, Anal, Fálica, Latencia y Genitalidad.

















En cada etapa la sexualidad se refiere al tipo de relación que el sujeto establece con sus objetos. La etapa es una metàfora de la dinàmica que existe en la relación, la función que cumple el objeto, y el uso que el sujeto le da. Por ejemplo, una sexualidad Oral no se refiere específicamente al predominio del sexo oral (felatio), sino a un tipo de relación que busca llenar vorazmente un vacío propio a través de "devorar" al otro, no se toma en consideración a los demás en la experiencia de satisfacción. 


Dentro del marco del desarrollo, observamos este tipo de sexualidad y vínculo en bebés e infantes pequeños, siendo la relación con la madre, su pecho y la leche, el modelo de relación oral. Sin embargo, debido a deficiencias por frustración excesiva, gratificación excesiva o trauma, este tipo de vínculo y sexualidad puede quedarse "fijada" en personas adultas, quienes seguirán patrones de relación e interacción de este tipo. Por ejemplo véase el Caso del Hombre de las Ratas.

Si bien en cada uno de nosotros dominan ciertos rasgos y características de estas formas de sexualidad y vínculo, en general podemos ser flexibles y utilizar distintas formas de relacionarnos y funcionar a nivel psíquico. Cuando esta flexibilidad se ve limitado o impedida, se hacen evidentes los signos de fijaciones, es decir de conflictos en la sexualidad a nivel psíquico.

Son esta serie de conflictos en la sexualidad a nivel psíquico de las que el psicoanálisis da cuenta y ofrece tratar. Es en estos conflictos con la sexualidad infantil (en el sentido de lo expuesto anteriormente) dónde Freud y sus seguidores descubrieron el funcionamiento de lo inconsciente, y es en dicho nivel dónde el psicoanálisis tiene sus efectos como forma de tratamiento, ayudando a desanudar los conflictos sexuales inconscientes. Véase ¿Qué es el psicoanálisis?

sábado, 1 de febrero de 2014

¿Cómo funciona el psicoanálisis?

El tratamiento psicoanalítico funciona esclareciendo cómo los factores mentales y emocionales inconscientes influyen en las relaciones actuales y en los patrones de comportamiento de las personas. 

A través de este tipo de tratamiento se ayuda a rastrear los orígenes históricos de la personalidad y el carácter en la vida de las personas, y permite mostrar cómo han cambiado y evolucionado a través del tiempo; así se ayuda al paciente a lidiar mejor con la realidad de la vida que actualmente lleva.

En el curso del tratamiento psicoanalítico , la naturaleza de la relación que inevitablemente se desarrolla entre psicoanalista y psicoanalizando, tendrá características significativas derivadas del "mundo interno" (mental y emocional) de las personas, mostrando cómo se relacionan con los demás para acoplarse a las distintas demandas de la sociedad. 

Esto hace posible un profundo entendimiento de estos factores inconscientes y permite trabajar en muchos de ellos que llevan a cambios deseables y significativos.

El psicoanálisis es el tratamiento psicológico más profundo en tanto permite rastrear, comprender y entonces modificar los aspectos de fondo en la estructura de personalidad, favoreciendo el mantenimiento a largo plazo de los logros alcanzados durante el tratamiento. 

miércoles, 1 de enero de 2014

¿Qué es el psicoanálisis?

El psicoanálisis es una aproximación terapéutica basada en la observación de que las personas frecuentemente no se percatan de muchos de los factores inconscientes que inciden y determinan sus emociones y conductas.

Estos factores inconscientes pueden ser una fuente importante de insatisfacción e infelicidad, que muchas veces se expresa en síntomas reconocibles como angustia, depresión, ansiedad, u otras manifestaciones como rasgos de carácter difíciles y personalidad problemáticas, en dificultades en las relaciones amorosas, familiares o en el trabajo, e incluso afectar el estado de ánimo y la autoestima.

Datos de Contacto
Psicólogo Alejandro Silva - Cd. Satélite, Naucalpan

Como estos factores son inconscientes, el consejo de familiares y amigos, la lectura de libros de autoayuda, o incluso los más determinados deseos de cambio, tenderán a fracasar en sus propósitos de proveer alivio.

El PSICOANÁLISIS, como método de tratamiento, se basa en conceptos acerca del funcionamiento inconsciente de la mente desarrollados originalmente por Sigmund Freud. Otros psicoanalistas han avanzado y desarrollado aún más estas bases a través de su experiencia y teorías.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Fútbol e identidad


Participación del psicólogo y psicoanalista Alejandro Silva para el canal deportivo en TDN para el segmento "Psicología de la Confederaciones" del programa "Fútbol en Serio". 

La colaboración consistió en la elaboración y presentación de una serie de cápsulas informativas que conectan las "personalidades" de las selecciones nacionales de fútbol participantes en el torneo de la FIFA la Copa Confederaciones 2013 (en este caso de Brasil), con las raíces socioculturales propias de dichas naciones, y los ideales que representan para los espectadores.

Se buscó explicar cómo el carácter propio de cada uno de estos equipos funciona como un puente emocional entre sociedad e individuo, pues a la vez que sus características propias emanan desde la cultura a la que cada selección pertenece, también transmiten algunos rasgos esenciales de su cultura y sociedad, por ejemplo en su tradición y estilo de juego, que tiene un impacto específico en cada uno de los fanáticos y espectadores que los observan jugar fútbol.

Los jugadores y los equipos de fútbol, representan valores e ideales colectivos con los que cada individuo puede conectarse e identificarse, siendo esta una de las bases acerca del por qué este, como muchos otros deportes, despierta las más profundas emociones en las personas. Es decir, que a través de la identificación con los ideales y emociones evocadas en nosotros mismos a través de la "personalidad" de un equipo, o lo que este equipo represente para nosotros, podemos llegar a sentir que al menos en parte, compartimos un poco de identidad, siendo así que los equipos deportivos pasan a formar parte de nosotros, al menos de forma transitoria y temporal.






Espero que encentren atractiva la cápsula ;)

martes, 17 de septiembre de 2013

Identidad Nacional e Individual - ¿Qué es el malinchismo?

El término “malinchismo” suele utilizarse en México para describir a una persona con una marcada preferencia por lo extranjero sobre lo nacional. La palabra tiene su origen de la historia de La Malinche o Malintzin (en náhuatl), una mujer de la clase alta mexica, quien durante su infancia fue cedida como tributo a una comunidad maya de Tabasco. Tras la llegada de Hernán Cortés, le sirvió como traductora pues hablaba maya y náhuatl, además que con el tiempo aprendió castellano. Se dice que fue amante de Cortés y que tuvo un papel importante apoyando a los españoles durante la conquista, razón por la que ha sido catalogada como traidora de su pueblo.

Sin embargo, más allá de la historia del término, lo fundamental del “malinchismo” es la creencia de que algo es mejor por el simple hecho de ser extranjero. Esta creencia puede entenderse de dos maneras: la primera es la sobrevaloración de lo extranjero, y la segunda es el menosprecio por lo nacional. Digamos que son las dos caras de la misma moneda.

Es importante hacer la aclaración para poder distinguir entre lo que es “malinchismo” y lo que puede ser crítica hacia algo nacional, o admiración por algo extranjero. Si admiramos la puntualidad característica del transporte en Inglaterra, no somos malinchistas. Tampoco lo somos si criticamos la desorganización con la que funcionan algunas Instituciones nacionales. Malinchismo sería afirmar, más allá de toda duda, que lo mexicano es desorganizado (malo) por ser mexicano y lo inglés es puntual (bueno) por ser inglés. 

En el malinchismo, la preferencia por lo de fuera sobre lo interno se refiere a productos, actitudes y características de los países, es decir que tiene que ver con la identidad nacional. Sin embargo, quizá podamos entender un poco mejor el fenómeno si lo trasladamos a un contexto más limitado como puede ser la identidad personal, es decir a los productos (acciones), actitudes y características de una persona.

En el ámbito individual entenderíamos por “malinchista” a aquel que devalúa sus propias características  logros, esfuerzos, etc., por el simple hecho de ser suyos. Existen personas que por diferentes motivos, tienen una gran dificultad para reconocer sus éxitos, o tienden a juzgar estos logros como poco merecidos o insuficientes. 

En general son personas inseguras y dependientes, puesto que necesitan de la constante aprobación externa para sentirse reconocidas. En este caso encontraríamos a personas con tendencias depresivas, es decir propensas a sentirse tristes, frustradas, con una baja autoestima, con dificultades para encontrar placer en las actividades, etc. 

Otra cara del “malinchismo” en el plano individual, sería el presentado por aquellas personas que sufren de una envidia crónica, es decir que tienen el constante deseo de ser o tener lo que otros son o tienen por considerarlo mejor que lo que ellos mismos poseen como características. 

En este caso hallaríamos personas con características más narcisistas, es decir dificultad para tener empatía por los demás, con la sensación de un vacío interno que hace voltear hacia lo externo para buscar y conseguir cosas que aporten valor y tapen el vacío y minusvalía sentidos (por ejemplo dinero, apariencia, poder, etc.). 

El problema con este tipo de personas es que no construyen algo propio, sino que buscan quitarlo a los demás pasando por encima de ellos. No reconocen el esfuerzo que requieren las cosas, sino sólo el resultado, por lo que buscan los caminos más cortos para alcanzar lo que quieren sin considerar a otros. Lo único que les interesa es tapar y compensar su sensación de vacío.

Tampoco el primer grupo de personas (con tendencias depresivas) construyen algo propio, sino que suelen esperar que alguien más  haga las cosas por ellos, se ponen en manos de otros y esperan que sean los demás quienes les rescaten o resuelvan sus problemas. 

En ambos casos, el cambio sólo podría llegar a través de preguntarse y atreverse a afrontar los conflictos que se tienen, es decir haciéndose responsables por lo que cada uno de ellos, como personas, hacen, deciden, piensan o sienten. Sólo tomando esa responsabilidad puede dejar de evadirse, sólo así se puede dejar de culpar o envidiar a los demás por nuestro propio estado.

Analizando algunas características psicológicas de las personas que suelen valorar más lo ajeno por encima de lo propio, quizá podemos entender algunos de los conflictos que como nación tenemos. 

Entender así el “malinchismo” sería una forma de entender la baja autoestima de una nación como lo es México; si en verdad somos “malinchistas” quizá tenemos un problema de envidia y depresión como país que debemos resolver, y no será copiando o robando lo extranjero, ni devaluando nuestras capacidades e identidad, en espera de que alguien más resuelva nuestros pendientes que podremos avanzar, sino haciéndonos responsables por lo que nos sucede, aprendiendo de otros que están mejor, pero considerando los esfuerzos por ellos invertidos para obtener esos resultados.

Una versión breve del artículo fue publicada en el Portal salud180.com

miércoles, 5 de junio de 2013

El Hombre de las Ratas. Segunda Parte

El psicoanálisis es un método de investigación de los procesos inconscientes de la mente, se utiliza como técnica terapéutica y se sostiene en una serie de teorías de las que se sirve para explicar el funcionamiento psíquico de los sujetos. 

Con base en la historia clínica (resultante de las sesiones durante el tratamiento, y demás información que se obtiene de los pacientes), y la teoría psicoanalítica, se puede hacer lo que en psicoanálisis conocemos como psicodinamia. 


La psicodinamia es una explicación hipotética del funcionamiento mental y emocional (psíquico) del paciente con la cual buscamos entender las motivaciones y condicionantes inconscientes de los síntomas. 


En psicoanálisis, la psicodinamia es el diagnóstico que damos a nuestros pacientes, la forma en que desde nuestra teoría entendemos y explicamos el funcionamiento particular del sujeto en análisis.


A continuación presento una clave psicodinámica acerca del caso del Hombre de las Ratas, tomando como base la historia clínica (El Hombre de las Ratas. Primera Parte) que Freud nos legó respecto de él.  En esta clave se estudian algunos de los síntomas de Ernest y se ofrece una explicación hipotética sobre sus causas. No es na revisión exhaustiva del caso. 


Pretende ser una contribución original en la medida que esto es posible, pues mucho de lo expuesto ya ha sido mencionado por otros autores incluyendo al mismo Freud; también pretende ser un homenaje a aquellos que han inspirado estas ideas y un ejemplo de qué es y en qué consiste una clave psicodinámica:


Clave Psicoadinámica del Hombre de las Ratas


Ernest llega al tratamiento aquejado por una serie de ideas obsesivas que tienen que ver con el posible daño que su padre (ya fallecido) o su amada podrían sufrir. Por el contenido de sus representaciones obsesivas resulta evidente el importante monto de agresión dirigido hacia estas figuras, por quienes el paciente siente una gran ambivalencia.

Las imagos paternas son, por un lado temibles, crueles y omnipotentes, por el otro tiernas y comprensivas. La introyección ambivalente de la figura paterna responde a la fijación libidinal característica de Ernest, pues parece dominada por impulsos sádico anales como puede ejemplificarse con el terror despertado por el castigo de las ratas penetrando el ano del condenado. Pareciera que ante la angustia de castración fue vivida muy intensamente al sobrevenir el complejo Edípico en el paciente, favoreciendo una regresión al estadio anal del desarrollo.

Ernest por un lado se hallaba sobreestimulado por sus experiencias con las gobernantas, sustitutas de la madre; la excitación vivida debe haberle provocado una terrible angustia y temor a sus propios impulsos que sentía desbordarse. También el manejo de la agresión le resultó muy angustiante, por ejemplo los sentimientos de competencia contra el hermano lo llevaron a disparar en su contra una escopeta de juguete, asustando mucho al paciente de sus propios deseos, más que al resultado de la agresión.

Pienso que al momento de lidiar con el conflicto Edípico, Ernest se hallaba ante la amenaza de sentir que sus deseos sexuales y agresivos tenían el potencial de hacerse reales, hay que considerar que una de sus hermanas sí había fallecido, y que el contacto sexual con las gobernantas también había sido posible. Por temor a la omnipotencia de sus impulsos (pensamiento mágico), el paciente se defendió de los mismos a través de las obsesiones.

El uso de mecanismos proyectivos también le ha servido desde entonces a Ernest tanto para deshacerse de los peligros que implica reconocer como propios sus impulsos sexuales y agresivos, como para controlarlos a través de mandatos superyóicos. Esto obedece a que su superyó es muy punitivo (en consecuencia de su propia agresión) e impone reglas, prohibiciones y tareas por realizar que, como viniendo desde afuera, controlan o castigan los impulsos inconscientes de Ernest.

Por otra parte, el conflicto en la vida adulta de Ernest se agudizó a raíz de la muerte del padre. Su ausencia durante la agonía del padre quizá represente el intento de negación que el paciente procuró sobre dicha pérdida. Luego un evento, aparentemente intrascendente, revive el dolor, angustia y reproche por la pérdida. Al comentario inocente de un tío, el paciente le da el sentido de un cuestionamiento a la virtud y fidelidad del padre muerto, dicho comentario se conecta con el desafío y hostilidad de Ernest dirigidas al padre durante toda su vida, por ejemplo durante la rabieta a sus 4 años.

La posibilidad de que el padre amara a otras mujeres además de la madre, abría la posibilidad de que él tuviera acceso a esta (al ya no ser codiciada por el padre). Por otro lado la ausencia del padre censor (en quien se había proyectado el superyó) dejaba vía libre a los deseos del paciente, la operación mental necesaria fue el fortalecimiento sus inhibiciones, temores e ideas obsesivas.

Nuevamente el pensamiento mágico y omnipotente domina el escenario, si la muerte del padre trajera algún beneficio al paciente, este podría percatarse de su deseo de que aquel muriera, equiparando el deseo con la realidad, así es posible entender el reproche de criminal que Ernest se hacía a sí mismo en distintas ocasiones. El paciente también necesita mantener viva la imagen del padre para tener un objeto externo contra el cual rebelarse, pero también por el cual ser contenido.


Diagnóstico. Neurosis obsesivo compulsiva con rasgos paranoides.
Pronóstico. Favorable
Tratamiento. Psicoanálisis 4 veces por semana.