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Mtro. Alejandro Silva Antúnez

Psicólogo y Psicoanalista

(Cédula 08720770)

Atención psicológica para adultos, adolescentes y niños.

Datos de Contacto:

Celular: (04455) 1361 4577 (preferente)

Consultorio: (55) 6647 5665 (recados)

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Cd. Satélite, Naucalpan.

sábado, 1 de marzo de 2014

¿Qué expresa el concepto de sexualidad para Freud?

Por supuesto que el concepto de sexualidad abarca un sinfín de acepciones y puede abordarse desde muy diversos puntos de vista, sea desde la  biología, la sociología, antropología, etc.  Inclusive dentro del campo de conocimiento del psicoanálisis, acerca de la sexualidad tendrá cada corriente psicoanalítica tiene mucho que decir y aportar, pero a continuación busco 1) especificar qué es la sexualidad en psicoanálisis siguiendo a Freud, 2) presentar algunas de las evoluciones del término en la obra de Freud.

Hay que entender que el psicoanálisis desarrollado originalmente por Freud ha sido desde entonces complementado, corregido y aumentado, iniciando por las revisiones que Freud mismo hizo a su obra a lo largo de su vida. El pansexualismo atribuido al psicoanálisis existe, pero entendiendo la sutileza, complejidad y desarrollo del concepto bajo la perspectiva psicoanalítica, no bajo la perspectiva biológica o social, ni ninguna otra.



La sexualidad inició su camino psicoanalítico muy al inicio de las tesis de Freud sobre la histeria, incluso previo a 1900 y "La Interpretación de los Sueños", descubrió un vínculo entre sexualidad y la formación de síntomas conversivos de dichas pacientes histéricas (en su mayoría eran mujeres). 

Inicialmente Freud sostenía que a partir de experiencias sexuales reales de las pacientes, se reprimía el recuerdo (pensamiento) del evento, pero el afecto ligado a dichas experiencias se mantenía. 

Como dicho afecto ya no estaba ligado a la idea de la experiencia sexual reprimida, quedaba "libremente flotante" y era transformado en angustia. Este afecto sin ligadura originaba los síntomas  histéricos, ya fuese en forma de fobia, conversión o angustia simple.

Para Freud los síntomas de la histérica representaban, poniendo en acción (conversión), o desplazando en otras cosas (fobia), la experiencia sexual reprimida, por ejemplo  véase el Caso Dora.

Más adelante Freud descubrió que no sólo los síntomas de las histerias  seguían este camino, también las obsesiones y algunos otros síntomas (neurosis) tenían un origen en experiencias sexuales reprimidas. Inclusive llegó a pensar que el abuso sexual a menores era mucho más extendido en la sociedad de lo que se reconocía públicamente. 

Luego entendió que no era necesaria una experiencia sexual real para generar la histeria en cualquiera de sus formas, o para provocar los más extremos síntomas obsesivos, sino que la fantasía tenía el mismo efecto emocional y psíquico para lo inconsciente que una experiencia real,  es decir que bastaba el deseo y fantasía sexual Edípica para formar los síntomas neuróticos, y que de hecho las neurosis, con todos sus síntomas y el sufrimiento que conlleven, defendían al paciente de hacer conscientes dichos deseos, por ejemplo véase el Caso Juanito.

Es hacia este momento que la sexualidad cobra la importancia y universalidad que tiene en el psicoanálisis. Adquiere el estatuto de un impulso original básico cuya meta es la búsqueda de placer, la descarga de energía psíquica sobre un objeto (Otro) con el cual se establece un vínculo. Se describe el Complejo de Edipo, basándose en esta nueva conceptualización de sexualidad, por ejemplo véase el Complejo de Edipo.

Ya no se trata mas de la sexualidad como comúnmente se le entendía, asociada a los genitales o al coito, tampoco se limita a una realidad concreta, se conceptualiza como un deseo de unión, de vínculo; una energía.  Así la sexualidad se transforma en la piedra angular del psicoanálisis, fuente y sinónimo de la pulsión de vida, motor del psiquismo de los sujetos. 

Más adelante en la obra de Freud este describe cómo la sexualidad, ahora entendida como una fuerza en búsqueda de vínculos, también determina distintos modos de relación del sujeto con su medio y sus objetos a lo largo del desarrollo psíquico y sexual. La forma de vinculación dominante en determinado punto del desarrollo depende de la etapa psicosexual correspondiente. Freud describe las etapas psicosexuales Oral, Anal, Fálica, Latencia y Genitalidad.

















En cada etapa la sexualidad se refiere al tipo de relación que el sujeto establece con sus objetos. La etapa es una metàfora de la dinàmica que existe en la relación, la función que cumple el objeto, y el uso que el sujeto le da. Por ejemplo, una sexualidad Oral no se refiere específicamente al predominio del sexo oral (felatio), sino a un tipo de relación que busca llenar vorazmente un vacío propio a través de "devorar" al otro, no se toma en consideración a los demás en la experiencia de satisfacción. 


Dentro del marco del desarrollo, observamos este tipo de sexualidad y vínculo en bebés e infantes pequeños, siendo la relación con la madre, su pecho y la leche, el modelo de relación oral. Sin embargo, debido a deficiencias por frustración excesiva, gratificación excesiva o trauma, este tipo de vínculo y sexualidad puede quedarse "fijada" en personas adultas, quienes seguirán patrones de relación e interacción de este tipo. Por ejemplo véase el Caso del Hombre de las Ratas.

Si bien en cada uno de nosotros dominan ciertos rasgos y características de estas formas de sexualidad y vínculo, en general podemos ser flexibles y utilizar distintas formas de relacionarnos y funcionar a nivel psíquico. Cuando esta flexibilidad se ve limitado o impedida, se hacen evidentes los signos de fijaciones, es decir de conflictos en la sexualidad a nivel psíquico.

Son esta serie de conflictos en la sexualidad a nivel psíquico de las que el psicoanálisis da cuenta y ofrece tratar. Es en estos conflictos con la sexualidad infantil (en el sentido de lo expuesto anteriormente) dónde Freud y sus seguidores descubrieron el funcionamiento de lo inconsciente, y es en dicho nivel dónde el psicoanálisis tiene sus efectos como forma de tratamiento, ayudando a desanudar los conflictos sexuales inconscientes. Véase ¿Qué es el psicoanálisis?

sábado, 1 de febrero de 2014

¿Cómo funciona el psicoanálisis?

El tratamiento psicoanalítico funciona esclareciendo cómo los factores mentales y emocionales inconscientes influyen en las relaciones actuales y en los patrones de comportamiento de las personas. 

A través de este tipo de tratamiento se ayuda a rastrear los orígenes históricos de la personalidad y el carácter en la vida de las personas, y permite mostrar cómo han cambiado y evolucionado a través del tiempo; así se ayuda al paciente a lidiar mejor con la realidad de la vida que actualmente lleva.

En el curso del tratamiento psicoanalítico , la naturaleza de la relación que inevitablemente se desarrolla entre psicoanalista y psicoanalizando, tendrá características significativas derivadas del "mundo interno" (mental y emocional) de las personas, mostrando cómo se relacionan con los demás para acoplarse a las distintas demandas de la sociedad. 

Esto hace posible un profundo entendimiento de estos factores inconscientes y permite trabajar en muchos de ellos que llevan a cambios deseables y significativos.

El psicoanálisis es el tratamiento psicológico más profundo en tanto permite rastrear, comprender y entonces modificar los aspectos de fondo en la estructura de personalidad, favoreciendo el mantenimiento a largo plazo de los logros alcanzados durante el tratamiento. 

miércoles, 1 de enero de 2014

¿Qué es el psicoanálisis?

El psicoanálisis es una aproximación terapéutica basada en la observación de que las personas frecuentemente no se percatan de muchos de los factores inconscientes que inciden y determinan sus emociones y conductas.

Estos factores inconscientes pueden ser una fuente importante de insatisfacción e infelicidad, que muchas veces se expresa en síntomas reconocibles como angustia, depresión, ansiedad, u otras manifestaciones como rasgos de carácter difíciles y personalidad problemáticas, en dificultades en las relaciones amorosas, familiares o en el trabajo, e incluso afectar el estado de ánimo y la autoestima.

Datos de Contacto
Psicólogo Alejandro Silva - Cd. Satélite, Naucalpan

Como estos factores son inconscientes, el consejo de familiares y amigos, la lectura de libros de autoayuda, o incluso los más determinados deseos de cambio, tenderán a fracasar en sus propósitos de proveer alivio.

El PSICOANÁLISIS, como método de tratamiento, se basa en conceptos acerca del funcionamiento inconsciente de la mente desarrollados originalmente por Sigmund Freud. Otros psicoanalistas han avanzado y desarrollado aún más estas bases a través de su experiencia y teorías.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Fútbol e identidad


Participación del psicólogo y psicoanalista Alejandro Silva para el canal deportivo en TDN para el segmento "Psicología de la Confederaciones" del programa "Fútbol en Serio". 

La colaboración consistió en la elaboración y presentación de una serie de cápsulas informativas que conectan las "personalidades" de las selecciones nacionales de fútbol participantes en el torneo de la FIFA la Copa Confederaciones 2013 (en este caso de Brasil), con las raíces socioculturales propias de dichas naciones, y los ideales que representan para los espectadores.

Se buscó explicar cómo el carácter propio de cada uno de estos equipos funciona como un puente emocional entre sociedad e individuo, pues a la vez que sus características propias emanan desde la cultura a la que cada selección pertenece, también transmiten algunos rasgos esenciales de su cultura y sociedad, por ejemplo en su tradición y estilo de juego, que tiene un impacto específico en cada uno de los fanáticos y espectadores que los observan jugar fútbol.

Los jugadores y los equipos de fútbol, representan valores e ideales colectivos con los que cada individuo puede conectarse e identificarse, siendo esta una de las bases acerca del por qué este, como muchos otros deportes, despierta las más profundas emociones en las personas. Es decir, que a través de la identificación con los ideales y emociones evocadas en nosotros mismos a través de la "personalidad" de un equipo, o lo que este equipo represente para nosotros, podemos llegar a sentir que al menos en parte, compartimos un poco de identidad, siendo así que los equipos deportivos pasan a formar parte de nosotros, al menos de forma transitoria y temporal.






Espero que encentren atractiva la cápsula ;)

martes, 17 de septiembre de 2013

Identidad Nacional e Individual - ¿Qué es el malinchismo?

El término “malinchismo” suele utilizarse en México para describir a una persona con una marcada preferencia por lo extranjero sobre lo nacional. La palabra tiene su origen de la historia de La Malinche o Malintzin (en náhuatl), una mujer de la clase alta mexica, quien durante su infancia fue cedida como tributo a una comunidad maya de Tabasco. Tras la llegada de Hernán Cortés, le sirvió como traductora pues hablaba maya y náhuatl, además que con el tiempo aprendió castellano. Se dice que fue amante de Cortés y que tuvo un papel importante apoyando a los españoles durante la conquista, razón por la que ha sido catalogada como traidora de su pueblo.

Sin embargo, más allá de la historia del término, lo fundamental del “malinchismo” es la creencia de que algo es mejor por el simple hecho de ser extranjero. Esta creencia puede entenderse de dos maneras: la primera es la sobrevaloración de lo extranjero, y la segunda es el menosprecio por lo nacional. Digamos que son las dos caras de la misma moneda.

Es importante hacer la aclaración para poder distinguir entre lo que es “malinchismo” y lo que puede ser crítica hacia algo nacional, o admiración por algo extranjero. Si admiramos la puntualidad característica del transporte en Inglaterra, no somos malinchistas. Tampoco lo somos si criticamos la desorganización con la que funcionan algunas Instituciones nacionales. Malinchismo sería afirmar, más allá de toda duda, que lo mexicano es desorganizado (malo) por ser mexicano y lo inglés es puntual (bueno) por ser inglés. 

En el malinchismo, la preferencia por lo de fuera sobre lo interno se refiere a productos, actitudes y características de los países, es decir que tiene que ver con la identidad nacional. Sin embargo, quizá podamos entender un poco mejor el fenómeno si lo trasladamos a un contexto más limitado como puede ser la identidad personal, es decir a los productos (acciones), actitudes y características de una persona.

En el ámbito individual entenderíamos por “malinchista” a aquel que devalúa sus propias características  logros, esfuerzos, etc., por el simple hecho de ser suyos. Existen personas que por diferentes motivos, tienen una gran dificultad para reconocer sus éxitos, o tienden a juzgar estos logros como poco merecidos o insuficientes. 

En general son personas inseguras y dependientes, puesto que necesitan de la constante aprobación externa para sentirse reconocidas. En este caso encontraríamos a personas con tendencias depresivas, es decir propensas a sentirse tristes, frustradas, con una baja autoestima, con dificultades para encontrar placer en las actividades, etc. 

Otra cara del “malinchismo” en el plano individual, sería el presentado por aquellas personas que sufren de una envidia crónica, es decir que tienen el constante deseo de ser o tener lo que otros son o tienen por considerarlo mejor que lo que ellos mismos poseen como características. 

En este caso hallaríamos personas con características más narcisistas, es decir dificultad para tener empatía por los demás, con la sensación de un vacío interno que hace voltear hacia lo externo para buscar y conseguir cosas que aporten valor y tapen el vacío y minusvalía sentidos (por ejemplo dinero, apariencia, poder, etc.). 

El problema con este tipo de personas es que no construyen algo propio, sino que buscan quitarlo a los demás pasando por encima de ellos. No reconocen el esfuerzo que requieren las cosas, sino sólo el resultado, por lo que buscan los caminos más cortos para alcanzar lo que quieren sin considerar a otros. Lo único que les interesa es tapar y compensar su sensación de vacío.

Tampoco el primer grupo de personas (con tendencias depresivas) construyen algo propio, sino que suelen esperar que alguien más  haga las cosas por ellos, se ponen en manos de otros y esperan que sean los demás quienes les rescaten o resuelvan sus problemas. 

En ambos casos, el cambio sólo podría llegar a través de preguntarse y atreverse a afrontar los conflictos que se tienen, es decir haciéndose responsables por lo que cada uno de ellos, como personas, hacen, deciden, piensan o sienten. Sólo tomando esa responsabilidad puede dejar de evadirse, sólo así se puede dejar de culpar o envidiar a los demás por nuestro propio estado.

Analizando algunas características psicológicas de las personas que suelen valorar más lo ajeno por encima de lo propio, quizá podemos entender algunos de los conflictos que como nación tenemos. 

Entender así el “malinchismo” sería una forma de entender la baja autoestima de una nación como lo es México; si en verdad somos “malinchistas” quizá tenemos un problema de envidia y depresión como país que debemos resolver, y no será copiando o robando lo extranjero, ni devaluando nuestras capacidades e identidad, en espera de que alguien más resuelva nuestros pendientes que podremos avanzar, sino haciéndonos responsables por lo que nos sucede, aprendiendo de otros que están mejor, pero considerando los esfuerzos por ellos invertidos para obtener esos resultados.

Una versión breve del artículo fue publicada en el Portal salud180.com

miércoles, 5 de junio de 2013

El Hombre de las Ratas. Segunda Parte

El psicoanálisis es un método de investigación de los procesos inconscientes de la mente, se utiliza como técnica terapéutica y se sostiene en una serie de teorías de las que se sirve para explicar el funcionamiento psíquico de los sujetos. 

Con base en la historia clínica (resultante de las sesiones durante el tratamiento, y demás información que se obtiene de los pacientes), y la teoría psicoanalítica, se puede hacer lo que en psicoanálisis conocemos como psicodinamia. 


La psicodinamia es una explicación hipotética del funcionamiento mental y emocional (psíquico) del paciente con la cual buscamos entender las motivaciones y condicionantes inconscientes de los síntomas. 


En psicoanálisis, la psicodinamia es el diagnóstico que damos a nuestros pacientes, la forma en que desde nuestra teoría entendemos y explicamos el funcionamiento particular del sujeto en análisis.


A continuación presento una clave psicodinámica acerca del caso del Hombre de las Ratas, tomando como base la historia clínica (El Hombre de las Ratas. Primera Parte) que Freud nos legó respecto de él.  En esta clave se estudian algunos de los síntomas de Ernest y se ofrece una explicación hipotética sobre sus causas. No es na revisión exhaustiva del caso. 


Pretende ser una contribución original en la medida que esto es posible, pues mucho de lo expuesto ya ha sido mencionado por otros autores incluyendo al mismo Freud; también pretende ser un homenaje a aquellos que han inspirado estas ideas y un ejemplo de qué es y en qué consiste una clave psicodinámica:


Clave Psicoadinámica del Hombre de las Ratas


Ernest llega al tratamiento aquejado por una serie de ideas obsesivas que tienen que ver con el posible daño que su padre (ya fallecido) o su amada podrían sufrir. Por el contenido de sus representaciones obsesivas resulta evidente el importante monto de agresión dirigido hacia estas figuras, por quienes el paciente siente una gran ambivalencia.

Las imagos paternas son, por un lado temibles, crueles y omnipotentes, por el otro tiernas y comprensivas. La introyección ambivalente de la figura paterna responde a la fijación libidinal característica de Ernest, pues parece dominada por impulsos sádico anales como puede ejemplificarse con el terror despertado por el castigo de las ratas penetrando el ano del condenado. Pareciera que ante la angustia de castración fue vivida muy intensamente al sobrevenir el complejo Edípico en el paciente, favoreciendo una regresión al estadio anal del desarrollo.

Ernest por un lado se hallaba sobreestimulado por sus experiencias con las gobernantas, sustitutas de la madre; la excitación vivida debe haberle provocado una terrible angustia y temor a sus propios impulsos que sentía desbordarse. También el manejo de la agresión le resultó muy angustiante, por ejemplo los sentimientos de competencia contra el hermano lo llevaron a disparar en su contra una escopeta de juguete, asustando mucho al paciente de sus propios deseos, más que al resultado de la agresión.

Pienso que al momento de lidiar con el conflicto Edípico, Ernest se hallaba ante la amenaza de sentir que sus deseos sexuales y agresivos tenían el potencial de hacerse reales, hay que considerar que una de sus hermanas sí había fallecido, y que el contacto sexual con las gobernantas también había sido posible. Por temor a la omnipotencia de sus impulsos (pensamiento mágico), el paciente se defendió de los mismos a través de las obsesiones.

El uso de mecanismos proyectivos también le ha servido desde entonces a Ernest tanto para deshacerse de los peligros que implica reconocer como propios sus impulsos sexuales y agresivos, como para controlarlos a través de mandatos superyóicos. Esto obedece a que su superyó es muy punitivo (en consecuencia de su propia agresión) e impone reglas, prohibiciones y tareas por realizar que, como viniendo desde afuera, controlan o castigan los impulsos inconscientes de Ernest.

Por otra parte, el conflicto en la vida adulta de Ernest se agudizó a raíz de la muerte del padre. Su ausencia durante la agonía del padre quizá represente el intento de negación que el paciente procuró sobre dicha pérdida. Luego un evento, aparentemente intrascendente, revive el dolor, angustia y reproche por la pérdida. Al comentario inocente de un tío, el paciente le da el sentido de un cuestionamiento a la virtud y fidelidad del padre muerto, dicho comentario se conecta con el desafío y hostilidad de Ernest dirigidas al padre durante toda su vida, por ejemplo durante la rabieta a sus 4 años.

La posibilidad de que el padre amara a otras mujeres además de la madre, abría la posibilidad de que él tuviera acceso a esta (al ya no ser codiciada por el padre). Por otro lado la ausencia del padre censor (en quien se había proyectado el superyó) dejaba vía libre a los deseos del paciente, la operación mental necesaria fue el fortalecimiento sus inhibiciones, temores e ideas obsesivas.

Nuevamente el pensamiento mágico y omnipotente domina el escenario, si la muerte del padre trajera algún beneficio al paciente, este podría percatarse de su deseo de que aquel muriera, equiparando el deseo con la realidad, así es posible entender el reproche de criminal que Ernest se hacía a sí mismo en distintas ocasiones. El paciente también necesita mantener viva la imagen del padre para tener un objeto externo contra el cual rebelarse, pero también por el cual ser contenido.


Diagnóstico. Neurosis obsesivo compulsiva con rasgos paranoides.
Pronóstico. Favorable
Tratamiento. Psicoanálisis 4 veces por semana.

viernes, 3 de mayo de 2013

El Hombre de las Ratas. Primera Parte.

Uno de los casos clínicos más famosos de Freud es el del Hombre de las Ratas. Acerca de él se han publicado numerosos artículos, libros, ensayos, etc. El caso trata sobre un caso "de moderada gravedad", según Freud, de una neurosis obsesiva.

Mucho se ha especulado acerca de si el Hombre de las Ratas no sufría en realidad de una paranoia, ya fuese  francamente psicótica, o cuando menos un trastorno paranoide de la personalidad. Sin duda los síntomas e historia de este caso resultan "floridos", y se ha convertido en una piedra angular en el estudio psicoanalítico de los síntomas obsesivos.

A continuación un resumen de la historia clínica del Hombre de las Ratas tomando como base el ensayo de Freud:

(Para consultar la explicación psicoanalítica del caso de Ernst Lanzer, el famosos "Hombre de las Ratas" se puede consultar el artículo publicado también en este blog en el siguiente link: http://psicalejandrosilva.blogspot.mx/2013/06/el-hombre-de-las-ratas-segunda-parte.html )


FICHA DE IDENTIFICACIÓN

Nombre: Ernest Lanzer
Edad: 29 años
Lugar de nacimiento y residencia: Viena

Religión: Practicante.
Escolaridad: Licenciado en Derecho
Nivel Socioeconómico: Alto
Fuente de Referencia: Llega a tratamiento tras haber hojeado el libro de “Psicopatología de la vida cotidiana” y hallar en él el esclare cimiento de unos raros enlaces de palabras que le hicieron acordarse de sus propios trabajos de pensamiento, esto lo resolvió a confiarse de Freud.
Inicio de tratamiento: Inicia tratamiento el 1° de octubre de 1907, concluyendo 9 meses después en julio de 1908.
Tratamientos anteriores: El único provechoso fue un tratamiento de aguas en un instituto, pero dice que sirvió por haber establecido un vínculo con una mujer con quien tenía relaciones sexuales.

Motivo de Consulta.

Padece de representaciones obsesivas desde la infancia, pero con particular intensidad desde hace 4 años. El contenido de sus representaciones obsesivas incluyen temores de que les suceda algo a  su padre y/o a una dama a quien admira, dice amar mucho a ambos. Además dice sentir impulsos obsesivos como a cortarse el cuello con una navaja de afeitar, y a producir prohibiciones referidas aún a cosas indiferentes. La lucha contra estas ideas le ha hecho perder años de su vida. La enfermedad se ha acrecentado desde la muerte de su padre.

Padecimiento actual.

En agosto del año en que comenzó el tratamiento, Ernest realizaba maniobras militares, durante algún periodo sus ideas obsesivas que lo habían martirizado y dejado en un estado miserable, según sus propias palabras, habían cedido. Un día tras una marcha desde X, el paciente perdió sus quevedos, para no detenerse a buscarlos decidió renunciar a ellos y en cambio telegrafiar a su óptico en Viena para que a vuelta de correo le enviara unos nuevos.

Durante una pausa en la marcha desde X donde había perdido los anteojos se vio involucrado en una charla con dos oficiales, uno de los cuales que era de origen checo, le parecía particularmente afecto a la crueldad, causando mucha angustia en Ernest. En esa plática el capitán antes referido contó haber leído sobre un modo de tortura, especialmente terrorífico a juicio del paciente, que consistía en atar al condenado, luego sobre su trasero es puesto un tarro dado vuelta, en este luego se hacen entrar ratas que penetraban en el ano.

En el momento de escuchar el relato del capitán, Ernest fue sacudido por la representación de que eso sucedería a una persona que le fuera querida, en particular son su dama y el padre quienes sufrirían la tortura (a pesar de que el padre ya había fallecido). El paciente se revuelve contra esa idea y declara lo ajena que le resulta, la tortura sería sufrida de forma indirecta, es decir no era él quien se veía haciéndolo.

A la tarde siguiente, el mismo capitán le dio un paquete que había llegado con el correo que contenía sus quevedos y le dijo que el teniente primero A. había pagado el reembolso por él, así que era a quien debía devolver el importe. Al momento se le presentó la siguiente sanción: no devolver el dinero, de lo contrario sucedería la tortura a la dama y al padre. Enseguida dicha sanción se transformó en un juramento que decía “Tú debes devolver al teniente primero A. las 3.8 coronas”.

Surgieron las mayores dificultades, aparentemente objetivas, para devolver la suma de dinero. Primero intentó devolverlo a través de otro oficial que iba a la oficina de correos, pero este no encontró en su visita al teniente primero A. lo cual alegró al paciente, pues el juramento decía que él tenía que devolverlo. Por fin se topó con el teniente buscado, pero este rechazó el dinero diciendo que no era él, sino el teniente primero B. quien tenía a su cargo el correo.

Ernest quedó muy afectado pues no podría mantener su juramento. Se inventó entonces una extraña solución, iría con ambos tenientes a la estafeta postal, allí A. daría a la encargada de la oficina las 3.8 coronas, la señorita daría a B. el dinero, y este, de acuerdo con su juramento, devolvería a A. las 3.8 coronas.

El paciente estaba agobiado por no poder cumplir su juramento tras terminar las maniobras militares. Todavía en el ferrocarril de vuelta a Viena pensó y dudó en varias estaciones si debía cambiar de rumbo e ir a donde el teniente primero A. se encontraba para devolverle el importe, hacía cuentas mentales sobre las rutas, horarios y direcciones del ferrocarril, y buscaba señales divinas que le indicaran qué debía hacer.

Finalmente buscó a un amigo que siempre lo tranquilizaba para exponerle su situación y buscar consejo, este hizo lo esperado, pasaron la noche en casa del amigo con la promesa que al día siguiente irían ambos al correo para devolver las 3.8 coronas a la chica de la oficina. Que el paciente accediera a ello dejaba claro que sabía desde un inicio que no eran ni el teniente primero A., ni B. los acreedores del dinero, sino la empleada del correo.

En tratamiento el paciente recordó que antes de la charla con el capitán cruel había conocido a otro capitán, quien al escuchar el apellido del paciente, se presentó y le comentó que estando en la estafeta postal, la señorita encargada de la oficina le había preguntado si conocía al teniente L. (el paciente), el capitán contestó que no, pero la señorita dijo que confiaría en el teniente y ella misma pagaría por lo mientras el importe.

A pesar de que él mismo había sabido quién debía recibir las 3.8 coronas, había armado un juramento  en el que debía pagar al teniente primero A. Las dudas lo volvieron a asaltar tras dejar a su amigo y haber devuelto el importe a la señorita del correo y tomó entonces la decisión de consultar un médico, con la intención de que este le podría extender un certificado según el cual, para reestablecerse, el teniente primero A. debería aceptarle las 3.8 coronas.

Historia Familiar.

Madre. Fue criada como parienta lejana dentro de una familia adinerada que tenía una gran empresa industrial. Ernest refiere que la relación entre sus padres era bastante buena; sabe por haber escuchado bromas entre sus padres, que su papá, antes de conocer a su mamá había cortejado a una muchacha linda y pobre, de familia modesta. Luego, tras la muerte del padre, la madre de Ernest le comunicó un día que había hablado con su familia respecto al futuro de este, uno de sus primos ricos había expresado su disposición a entregarla una de sus hijas como esposa cuando él terminara sus estudios, así tal vinculación con los negocios familiares le abrirían un brillante futuro profesional.

Padre. Al casarse con su esposa entró a trabajar a la empresa familiar de ella, accediendo a una posición socioeconómica bastante buena. Fue un hombre de excelentes dotes, antes de casarse con la madre del paciente fe suboficial en el ejército, esto dejó en él francas maneras de soldado y una predilección por las expresiones rudas. A pesar de ello lo singularizaba un cordial sentido del humor y una bondadosa indulgencia hacia sus prójimos, estas características complementaban su carácter. Pretendió, de acuerdo con el paciente, usar una benévola franqueza para señalar los yerros y faltas de sus hijos, más que ser una figura de autoridad inatacable; describe su relación como los mejores amigos.

Hermana 1. Es la mayor, actualmente está casada.

Hermana 2. Era 4 o 5 años mayor que el paciente. Murió de una enfermedad cuando Ernest tenía aproximadamente 4 años de edad.

Hermana 3 y 4. No se dispone de información sobre ellas.

Hermano 1. Es un año y medio menor que el paciente. En cuanto a su relación con él, refiere estar en excelentes términos actualmente salvo por la intención de este último en casarse, cosa que a Ernest le parece un disparate. Reconoce haber tenido la idea de viajar hasta donde el hermano vive y matar a la mujer en cuestión para que no pueda haber matrimonio. Dice que salvo por celos y peleas infantiles, a causa de que el hermano era más fuerte, bello, y por lo tanto el preferido, su relación ha sido muy buena, siendo inseparables.

Hermana 5. Es 3 años menor que el paciente, actualmente está casada.

Historia Personal.

Cuando el paciente era pequeño, más o menos cuando su hermana enfermó (3 o 4 años), ubica un suceso que la  madre le había relatado en ocasiones. Debía haber hecho algo enojoso, por lo cual el padre le pegó; el paciente fue presa de una terrible ira e insultaba todavía bajo los golpes del padre, pero como en aquel entonces no conocía palabras insultantes, recurrió a todos los nombres de objetos que se le iban ocurriendo y decía “¡Eh tú lámpara, pañuelo, plato!”. El padre sorprendido, cesó los golpes y expresó “¡este chico será un gran hombre o un gran criminal!”. Al parecer, la impresión de tal escena tuvo un efecto duradero, pues el padre no volvió a pegarle jamás, también en el paciente dejó su huella, pues durante toda su vida tuvo una angustia terrible a los golpes.

A los 4 o 5 años (aunque el recuerdo completo se tiene a los 6) recuerda una escena en su cuarto con la señorita Peter, una joven y muy bella gobernanta que tenían en casa. Una velada ella yacía sobre el sofá  ligeramente vestida mientras leía; el paciente estaba recostado junto a ella y le pidió permiso para deslizarse bajo su falda. La gobernanta lo permitió, siempre que Ernest no dijera nada a nadie. Ella tenía poca ropa encima, tocó su vientre y sus genitales que le parecieron curiosos; desde entonces refiere haberle quedado una curiosidad ardiente y atormentadora por ver el cuerpo femenino. Aguardaba con tensión el momento en que ella entrara desnuda al agua de los baños cuando aún le permitían acompañarla a ella y a sus hermanas al mismo.

A los 6 años había en casa otra señorita, Lina, también muy joven y bella que tenía abscesos en las nalgas y al anochecer solía estrujárselos. El paciente acechaba ese momento para saciar su curiosidad. El paciente solía dormir en la habitación de sus padres.

A esa misma edad padecía de erecciones, una vez acudió con su padre para quejarse. Por entonces tuvo que superar unos reparos, pues vislumbraba el nexo con sus representaciones y curiosidad; tuvo durante algún tiempo la idea enfermiza de que los padres sabrían sus pensamientos, lo cual se explicaba a sí mismo podría suceder por haberlos declarado sin oírlos él mismo. Él ubica en ese entonces el comienzo de su enfermedad. Había personas, muchachas, que le gustaban mucho y por quienes sentía un urgente deseo de verlas desnudas, pero a raíz de dicho deseo tenía un sentimiento ominoso, como si por fuerza habría de suceder “algo” (como que su padre moriría) si él lo pensaba, y debía hacer toda clase de cosas para impedirlo. El paciente refiere haber tenido mociones sensuales mucho más intensas durante su infancia que durante la adolescencia.

Hacia los 7 años recuerda haber escuchado, junto con su hermano 1 ½ años menor, una conversación entre la señorita Lina, la cocinera y otra muchacha. La señorita Lina decía “con el pequeño es claro que una lo podría hacer, pero Ernest es demasiado torpe, seguro no acertaría”. Aunque el paciente no entendió a qué se referían, si se percató del menosprecio y comenzó a llorar; Lina lo consoló. La describe como una mujer sin mayor inteligencia y con una gran necesidad sexual, no cree que ella haya hecho algo incorrecto con él, pero él se tomaba libertades con ella. Cuando Ernest se metía en la cama de Lina, la destapaba y la tocaba, lo cual ella consentía quieta.

A los 8 años de edad, relata haber tenido unas escopetas de juguete. En una ocasión cargó la suya y le dijo a su hermano que debía mirar dentro del caño pues vería algo ahí, cuando el hermano se acercó a mirar Ernest disparó la escopeta, el tiró dio en la frente del hermano sin mayores consecuencias. El paciente recuerda haberse puesto “fuera de sí” al percatarse que su intención ´había sido causarle un grave daño, se preguntaba ¿cómo podía haber hecho eso?

A los 12 años de edad amaba a una niña, hermana de un amigo suyo. Niega haberla querido ver desnuda como a otras mujeres, era aún muy chico para tener un amor sensual con ella. Sin embargo su amor no era correspondido como él esperaba; entonces tuvo una idea: ella le mostraría amor si a él le ocurría una desgracia, le apareció en la cabeza que podía ser la muerte de su padre, rechazó de inmediato dicha idea.

El padre del paciente muere de enfisema  9 años antes de iniciar el tratamiento, es decir cuando Ernest tenía 21 años de edad. Recuerda que una tarde preguntó a los médicos cuando podría considerarse superado el peligro de lo que él suponía era una crisis en la enfermedad del padre, el médico contestó que en un par de días. Confiado, Ernest fue a dormir por una hora, pero su sorpresa al despertarse fue la noticia de que el padre había fallecido.

Se hizo el reproche por no haber estado presente en el momento de la muerte de su padre, reforzado al enterarse por una enfermera que su padre había preguntado si ella era Ernest cuando esta se acercaba al lecho del enfermo en sus últimos días. El paciente refiere que el reproche no fue martirizador en un inicio, inclusive le costó trabajo asumir la muerte del padre, por ejemplo, solía pensar que debía contarle ocurrencias a su padre, o esperaba encontrarlo al entrar en una habitación.

Fue hasta año y medio después que el reproche por su omisión le ocasionó martirio al punto de tacharse de criminal. Ubicó el inicio del sufrimiento a partir de la muerte de una tía política y la visita de él a la casa mortuoria. Más específicamente a raíz de un comentario del tío viudo que dijo que a diferencia de otros maridos, él se había dedicado sólo a su mujer. El paciente sospechó que el tío aludía a su padre, poniendo en duda la fidelidad de este a la madre del paciente. Esta interpretación dada por el paciente, fue desmentida posteriormente por su tío.

A partir de entonces construyó una serie de pensamientos acerca de la perduración en el más allá; la más inmediata consecuencia de su reproche fue la imposibilidad de trabajar. El paciente, a pesar de ser un hombre inteligente y culto, se comportaba como si creyera en la vida eterna, en el más allá donde los castigos podrían seguir siendo aplicados al padre fallecido. Sólo el consuelo de su amigo lograba calmar su sentimiento de culpa.

La idea de la muerte de su padre también le cruzó por la cabeza un año y medio antes de la muerte de su padre. Para ese entonces él ya estaba enamorado de su dama y la idea que le cruzó, ante los impedimentos de su amor, fue que si su padre muriera quizá él se volvería tan rico que podría casarse con ella. Su manera de compensar esta idea fue deseando entonces que su padre no dejara herencia alguna para que él no pudiera beneficiarse de tan terrible pérdida.

Una conducta peculiar se daba cando estudiaba para rendir algún examen, jugaba también con la fantasía de que su padre aún vivía y podía retornar en cualquier momento. Arreglaba las cosas para estudiar tarde en las noches, luego entre las 12 y la 1 abría la puerta que daba hacia el zaguán como si el padre estuviera frente a ella, y luego regresaba al vestíbulo y en el espejo de este, contemplaba su pene desnudo.

La masturbación del paciente durante la pubertad fue casi nula, afirma que su potencia es normal y que su primera relación sexual fue a los 26 años. En realidad su quehacer onanista emergió en él hacia los 21 años, poco tiempo después de la muerte de su padre. Quedaba muy avergonzado tras cada satisfacción y pronto cesó de hacerlo; desde entonces sólo se masturbaba en ciertas ocasiones: cuando vivía o leía momentos particularmente bellos.

Actualmente mantiene relaciones sexuales en raras ocasiones y de forma irregular, no acude con prostitutas porque le producen asco. Su vida sexual ha sido en general pobre, la masturbación tuvo un papel ínfimo a los 16 o 17 años.